EXTRACTO DEL LIBRO DE LUIS SOLER PUCHOL DE 1966 SOBRE LA HISTORIA de la

Real, Muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid para conmemorar sus   250 años de aniversario, 1751-2001.

Nace en el siglo XIII, bajo el signo prodigioso de la revelación, de un milagro; se afirma y consolida en 1467, sobre sus propias Ordenanzas antiguas; se reorganiza en 1568 y en 1660 alcanza el momento grandioso de un esplendor magnífico. Y es ahora, en 1751, cuando el Rey don Fernando VI, atendiendo a ruegos y homenaje de los congregantes, por Decreto de 12 de agosto fue servido en declararse Hermano Mayor siguiendo la tradición, por si y por los señores reyes sus sucesores, perpetuamente, cuya gracia fue ampliada por Real Cédula de 7, de octubre del mismo año en que fueron aprobadas las nuevas Constituciones, quedando sujeta la Congregación en un todo a la jurisdicción del Consejo de Cámara, en la misma forma y extensión que aquellas congregaciones que gozan del fuero privilegiado del Real Patronato, gracias y privilegios que fueron confirmados y aumentados por Carlos III.

Dentro de esta línea apreciamos cómo la continuidad, a través de sus renovaciones dirigidas, constituye un interrumpido hecho histórico, en el que se ha mantenido a lo largo del espacio de los siglos, desde comienzos del XIII hasta mediados del XVIII, nuestra Congregación en medio de una profunda fraternal convivencia, como en el principio en el arranque de su fundación, pues sí en las últimas Constituciones de este año de 1751, alguna de ellas. Por defecto en claridad de la forma de su redacción, parecía no ajustarse a su espíritu fundacional en un estricto sentido de confraternidad sencilla y humana, tan cercano de aquél constante tesoro de amor desbordante del humilde labrador, nacido tan a ras de tierra, fue rectificada posteriormente con acuerdo unánime y en forma definitiva.

 En el fecundo y breve reinado hay tiempo y paz para reconstruir y reorganizar, y hay tiempo y paz para que esta generación venturosa de madrileños, tan ilustrados como ilustres, vuelva sobre la venerable y real Congregación y la eleve a un primer plano entre tantos primeros planos como van surgiendo de aquella, reposición de la ya lejana Bancarrota. Así, - un domingo, -el 16 de mayo- de 1752, sé reúnen en solemne Junta los antiguos congregantes más los nuevos para realizar los actos preparatorios en que sé habrán de tomar los acuerdos que lleven a, la reorganización definitiva y en la que, conservando el purísimo y fervor por el venerado Santo Patrono, se decide, en gesto de exaltación madrileña, se haga más extensa la devoción  al patronazgo y en esta intención vendrá en titularse durante aquel año la Real y Primitiva Congregación de Seculares Naturales de Madrid dedicada a los gloriosos Santos, San Dámaso Papa, San Isidro Labrador y demás naturales de está Imperial Villa, siendo cuna de santos varones y son clarecidas mujeres ungidas de santidad, aunque la natural sensible modestia de nuestro pueblo y el sencillo señorío de sus naturales de soslayar alharacas y reclamos ostentosos, haya hecho que la fama ejemplar de -muchas de aquellas vidas como en la Penumbra del olvido. Y se redactan las nuevas Constituciones, que arrastran algunas de las antiguas, y todas se van adaptando a nuevas precisadas exigencias de sus necesidades, alcanzando ese momento íntimo en el que cada modalidad del espíritu habrá de encontrar su Acomodo. Y tamizadas, pesadas y sopesadas con escrúpulo,son aprobadas en principio para elevarlas a Su Majestad y a las autoridades eclesiásticas, que hablan de dar la aceptación. Y, entre todas, de destacar es la. cláusula persistente que marca el imperativo de condición en la entrada, pórtico y afirmación- fervorosa: la reverencia dedicada a la Inmaculada Concepción de María, cuyo dogma desde un siglo antes de serlo juraba defender esta selección de naturales de Madrid que en tal inclinación quiso sumarse a españolísimá devoción que al momento estaba en amplia discusión, aun entre algunas órdenes religiosas. Y entre todas estas -cláusula también se conservaba como exponente máximo el carácter caritativo de nuestra Congregación, una caridad. austera y auténtica y profunda, a la española, que obedecía a más desbordante del alma, a un estado sincero, idéntico en la clase alta que en la humilde, consustancial con nuestra propia naturaleza, pura en su sensible pureza e intención, que no aparecía matizada en su espontaneidad de aquella corriente -reflexiva  que Invadía la sensiblería europea, erudita y filantrópica, deslizada entre encajes y suspiros y luces de ilustración, que comenzaba a moldear estos mediados amables del XVIII. España podía estar en consonancia con la mentalidad general de Europa y con las Ideas del siglo pero jamás -se dejó arrebatar por la totalidad de ellas hasta olvidarse de su propio ser y -de la honda gravedad de su glorioso pasado espiritual. , Así, nuestra Congregación. Y- así también se van – asegurando conservando perfeccionando, renovadas, estas en número de cuarenta y dos, que firman aquellas personalidades que Como eran esta primera  reunión  reorganizadora: Él conde-duque de Benavente y de Medina de Ríoseco-el de Cástroponce el duque de Frías, conde de Peñaranda -Martín dé Velasco el marqués de Campo Aleare  el « conde de oñate, de Sessa - Antonio Bustillo y Pambley - Esteban. Naranjo y Abad - Don Julián Sainz de la Maza - Don -Francisco Guerrero de Torres -Don, Antonio Guerrero de Torres- Don Julián de Porras - Don José Guerrero de Torres - Don Dámaso de Torres y Herrera - José, de-Rivera _' Don Juan-Pablo Mateo - Pedro, José de Yermo -'Don Francisco Malqueda Calderón - Don Manuel Pablo de Bustamante Arce - Don Ignacio de Bustamante-Don Pedro Pablo Folch-Don Antonio Marla de Bustamante Arce -el marqués de Montesacro - Juan Dámaso Orive de Arciniega Don Antonio Fernández Portalegre, --Don Julián Correa -Juan-Antonio Godar - Manuel de Vinez - Diego del Alamo - Francisco del Álamo - Francisco de Aramayo - Don Velíne la de Villa Cevallos -Don Juan-Agustín Ver-nández -, Don Antonio-Manuel- de Cárdenas -V. José Benegain y Don Domínero Sevillano -

 Las Constituciones son aprobadas por el cardenal-Infante don Luis de Borbón, que las encarga: "Don Luis,por la Gracia de Dios Infante de España, Cardenal -del- titulo de -Santa Maria Arzobispo, Comendador,Administrador y Dispensador de la de Toledo, en lo espiritual y temporal, Canciller Mayor de Castilla -Por cuanto por parte de la Congregación de Seculares, naturales de la Villa de Madrid, nuevamente instituida con el título del Sr. San Dámaso Papa, San Isidro y demás Santos naturales de ella, en el convento de San. Hermenegildo, de Carmelitas de la misma Villa, fueron presentadas ante nos, en él nuestro Consejo, ciertas Constituciones y Ordenanzas para él Mejor régimen y gobierno de dicha Congregación, suplicándonos fuese servido verlas y aprobarlas.

  El Rey don Fernando, que había aprobado las Constituciones, igualmente se dignó nombrar para teniente representante suyo al conde de Oñate, duque de Sessa, aunque dejando a elección de la Junta a los que hubiera de ocupar el cargo en posteriores vacantes. Y las Constituciones aprobadas fueron puestas en vigor, quedando reorganizada la Congregación y establecida en el convento, -de San Hermenegildo, de seguramente porque el número, aumentado por los nuevos congregantes, encontraba este el lugar tradicionalmente destinado a las Juntas de la Congregación, en la antigua parroquia de San Andrés. Este convento de San Hermenegildo fundado en el beneplácito de Felipe II en 1580, sobre lo que sé, extendía en alrededor del humilladero de San Miguel y ahora, en estos momentos dieciochescos comenzaba- a ser la más espléndida calle madrileña. El Monasterio era el más importante que tenía la Orden- en. España y uno de los más calificados de la Corte, no respondiéndole, la extensión a la importancia, Pues -que ocupaba -en la calle de Alcalá todo el frente comprendido entre los calles de las -Torres y Real del -Barquillo, daba la vuelta sobre ésta y, lo que actualmente es la de las Infantas, sus tapias miraban, a la Casa de las Siete Chimeneas, para bajar por la, calle de las Torres al lugar que -hoy ocupa la iglesia, que es la misma, reconstruida en 1742, por. Resultar pequeña la primitiva. Es ésta, desde 1839, parroquia de San José, que anteriormente hubo de estar primero en lo que fue él: Hospital de los Flamencos, en la calle de San Marcos; más tarde, en las Monjas - de Góngora, y, en, el salón teatro del palacio de los duques de Frías, quienes lo cedieron, para que la parroquia, falta de edificio que la cobijara, no quedase en él. Desamparo.

El Monasterio era suntuoso y en contenido artístico uno de los más ricos de la Villa, una auténtica pinacoteca, que al momento de la en la lustración, en 1836, las obras de arte y las del culto fueron repartidas entre varias` iglesias y el Museo del Prado, y otras muchas perdidas, sin olvidar que durante la ocupación de  Madrid, en: la francesada, por allí pasó las huestes napoleónicas en vientos de rapiña. La iglesia que hoy subsiste tiene tres naves, con cuatro altares en cada una de las laterales y dos a uno y otro lado del altar, mayor, en los brazos del crucero; la puerta, de la sacristía en el lado de la, Epístola, y la capilla dedicada a Santa Teresa, suma y bellamente decorada, del lado del Evangelio. Son separadas las naves laterales de1a central por una serie de arcos, y encima de ellos unas pequeñas tribunas. El altar mayor fue modificado en 1832, tal como está en la actualidad, y se compone de un tabernáculo de orden jonico y tres gradas; el retablo es de solo cuerpo, con cuatro columnas, y en el intercolumnio -la imagen. de la Virgen del Carmen, atribuida a Michelangelo. Y sobre él cornisamento, entre nubes Jabonosas, San Hermenegildo. Elque avanza en mucho sobre la nave central, es amplio y tiene un hermoso órgano, construido por

José Livórn de Echevarria en el siglo XVIII. Y los púlpitos, que actualmente existen son de mármol rojo y negro.

Habiendo sido llevados desde el convento de la Merced. La fachada, barroca, en una última reciente reforma fue elevada de altura, mal revocada, colocándose a cada lado de la hornacina central que resguarda a la imagen de la Virgen del Carmen, decididamente obra de Roberto dos otras imágenes más pequeñas, modernas y en escayola:

San Hermenegildo y San José, los dos santos titulares, él de la  carmelitana y el actual, que patrocina a la parroquia establecida. Obras  modestas como es pobre y mal estudiada la restauración de la fachada en en totalidad.

En el breve período en que la Congregación estuvo instalada en este convento de San Hermenegildo, fueron encomendadas las imágenes de San, Isidro y San Dámaso a un imaginero llamado José Oñate, que se había comenzado a distinguir en aquella época; pero dado que la primera imagen no gustó a la Junta de Gobierno, fueron decididamente encargadas las nuevas esculturas al ya célebre Luis Salvador Carmona, las que, terminadas,"agradaron en mucho y fueron colocadas en un' lugar honorable, para ser más tarde trasladadas a los lugares, sagrados en donde, sucesivamente, tuvo asiento nuestra Real Congregación.

Pero el convento de San Hermenegildo resultaba lejano del centro de la Villa y, por tanto, incómodo, y así decidió la Congregación establecerse en el convento. De la Santísima Trinidad Calzada, el inmenso edificio que es fama diseñara el mismo Felipe II y dirigiera el arquitecto Gaspar Ordóñez, terminándolo en 1547, y cuya extensión se prolongaba desde la calle de Atocha hasta la. Hoy plaza de Tirso de Molina. Y en la Librería del vasto, y prócer Monasterio tuvieron lugar las Juntas de nuestra Congregación, que poco tiempo después ya se decía de seglares naturales de Madrid, en lugar de seculares. Mas este nuevo establecimiento tampoco fue de excesiva: larga duración, pues, bajo la protección de Carlos III, es acogida en la Colegiata de calle de Toledo, en definitiva, adjudicándose una de las mejores sedes.

  Cuando Carlos III interrumpió la permanencia de la Compañía  Jesús en los territorios españoles y los Padres Jesuitas marcharon a la emigración, en donde tanto prestigia, habían de alcanzar para la fama de España, quedaron vacantes en la. Villa el llamado Colegio Imperial y su Magnífico templo; espléndida fundación que la emperatriz doña María, hermana de Felipe 11, instituyó para él acrecentamiento de la Compañía, en ánimo de Procurar un eficiente interés cultural. Fue esta cesárea

Majestad de la emperatriz, hija de los emperadores Carlos V y doña Isabel, que nació en Madrid, el -21 de junio- de 1528; casó en Alemania, de quien enviudó en 1547, viniendo a morir, en Madrid en 1603, en el convento las Descalzas -Reales, a donde había llegado acompañada de su hija la infanta doña Margarita,, que en religión se llamó de la Cruz. Y, esta gran madrileña, que San Pío V calificaba de santa en vida suya y

de fuerte apoyo, de la, religión católica. Gregorio XIII, coincidió en la, circunstancia de ser nieta-en diferentes grados, nuera, y madre, respectivamente, de siete emperadores de Alemania. Su nombre pervive en la Catedral-Colegiata  anexo Colegio que aún llaman Imperial, en su recuerdo, y así ostenta su escudo en la fachada, emparejado-con el grande de España. Este suntuoso Colegio, que pudo alojar, sucesivamente, a la Biblioteca de los Reales Estudios, a la Escuela de Arquitectura y todavía es cobijo del Instituto de San Isidro. Madrid no se excedería en mucho honrándose en una de sus calles, evocando el nombre de figura, tan espiritualmente madrileña como esta emperatriz María, que nos dejó él, recuerdo de su vida una magnifica legado qué deberá perdurar en el agradecimiento de la Villa.

La iglesia, que es de las más, notables de Madrid, fue edificada en 1651, bajo la dirección del coaditor de la Compañía, hermano Francisco Bautista. Adornan su parte exterior  grandiosas columnas con dos pilastras a -los extremos, - dando acceso al vestíbulo del templo, tres puertas abiertas en los intercolumnios, mientras las imágenes de San Isidro, las de los santos madrileños y, las de la Fe y la Humildad son debidas -al arte exquisitamente sensible de nuestro hermano cofrade, don Luis Vicente Llorente.- Todo fue al igual reproducido, gracias al álbum de fotografías que publicó nuestra Real Congregación en el año 1922, con motivo del citado Centenario de la Canonización de San Isidro, y  apuntes, diseños y maquetas que hizo nuestro entonces secretario primero don, José Monasterio. Se restauró cuidadosa y espléndidamente la sacristía, y de advertir es, que las imágenes de los santos madrileños el Papa San Dámaso, la Beata María Ana de Jesús y el Beato Francisco Morales, allí colocadas, son obras igualmente del señor Monasterio, quien generosamente las donó a la Real Congregación. Surgieron también de los escombros las capillas, laterales, tal vez alguna bajo distinta advocación de la anterior, y quedaron. Repartidas en esta distribución, comenzando desde el altar mayor, del lado del Evangelio: la de nuestra Real Congregación, la de Nuestra Señora del Carmen, la del Buen Consejo, la de San Antonio y la de San Cosme y San Damián. Del lado de la Epístola, : la de Nuestra. Señora de la Almudena, la de San José, la dé Nuestra Señora del Pilar y Santo cristo de la Buena Muerte y la de Nuestra Señora de los Reyes.

            Al exterior se ha destacado toda la armonía majestuosa del templo y- hasta las Inconclusas torres han sido sobremontadas con chapiteles emparrados, como fue la primitiva idea, al estilo que nos legó Felipe 2º Tal vez hayan resultado, por ajustarse severamente al gusto jesuítico,algo chatas, en desproporción con la- esbeltez del arranque de las torres, quedando desprovistas de la gracia de esas otras, de la Villa, anticuadas, de cambiantes veletas y brillantes, Oizarrás, que sentimos tan nuestras que emocionan desde lejos al vislumbrarse y- que se hacen panorama entre este venido del-Guadarrama.

El sagrado cuerpo -ha vuelto a su sepulcro y nuestra Congregación, que ha seguido las vicisitudes y traslados de los venerados restos, -ha vuelto también a los mismos evocadores lugares, continuando en esta guarda perpetua, alfa y omega de -su fervorosa existencia. Y la Colegiata-Catedral, en medio del vértice ciudadano en esta calle tan popular y madrileña, viene a ser como el último eslabón de esta ruta- monumental de nuestro Santo Patrón.

Las páginas que anteceden han puesto ante nuestros ojos la existencia remota en siglos de nuestra Real Congregación, tan fundida ya con la vida -de nuestra madrileña Villa. Y en todos los momentos de tan largo peregrinar fue su fin constante vivir para ir existiendo en Dios y hacia Dios por el intermedio de su Santo Patrono: un hondo sentimiento, una misma disciplina, un mismo anhelo de superarse, buscando la gracia divina a través del madrileño labrador, a cuyo culto quedó comprometida en reverencia continuada y para propagar y mantener su devoción, repartiendo caridad y amor en intención fervorosa el glorioso sepulcro.

Y así en siglos, como consta. Y desde hace dos, pasada su última reorganización, aún más ajustada la constancia, pues que podemos seguir paso a paso hora a hora, su actuación, la vida, en suma, y el palpitar de nuestra real,muy Ilustre y primitiva Congregación de seglares naturales de una dilatada pervivencia ha sido protección Madrid. Y durante tan erigida en privilegios por nuestros monarcas y por su real de. Legación, encauzada y dirigida por sus tenientes de hermano mayor, cuyos nombres desde 1751 garantizan su labor es elarecida: Conde de Oñate, duque de Sessa -Marqués de MonteaIegre, Conde de Oñate (hijo del anterior) - Marqués de Cogolludo, Duque de Santisteban - el mismo confirmado por Carlos III, siendo ya Duque de Medinaceli, Marqués de Astorga, Conde de Altamira - el mismo confirmado por Fernando VI -Marqués de Astorga, Conde de Altamira (hijo del anterior) - Duque de Híjar - Don Camilo García Piñuela - el mismo confirmado por Alfonso XH - Don Isidro González-Miranda -Marqués de Montealegre, Conde de Oñate - Marqués de Montalbo - Marqués de Peñafuente - Marqués de Montalho - Marqués de Peñafuente Conde de Polentinos -Conde de Casal (renunció al mes de nombrado) - Marqués de Peñafuente, Conde de Villamediana, Marqués de la Romana - Don Octaviano Alonso de Celís.

Figuraron también en los libros de la. Congregación más de dos centenares de títulos de Castilla, en su nacimiento regidores del Consejo como su primer tesorero don Pedro José del Yermo y algunos otros más. Prelados, como don Pablo Abellas, Obispo titular de de Toledo, y procapellán mayor de la Real Colegiata de San Isidro; el ilustrísimo señor don Juan Ferrán, Obispo de Orihuela; el padre Nicolás Gayo, gran orador sagrado y confesor de Fernando VI; el ya citado don Pedro de Silva. Y, recientemente, don Francisco Méndez Casariego, un madrileño y fundador del Asilo de Portacoeli, muerto en opinión de Santo. Arquitectos como don Manuel Martín R»dríguez, Director de la Real Academia de San Fernando, y sobrino del célebre don Ventura Rguez... Literatos y artistas.,Como el poeta y sainetero madrileñismo don Ramón de la Cruz y músicos como el polifacético don Francisco Asenjo Barbieri, compositor, historiador, investigador, bibliófilo, escritor brillante, académico.. Y ya, entre nuestros días, el conde de Vallellano, don Fernando Suárez de Tangil, y de Angulo, que en nuestra memoria queda como modelo de caballeros, político insigne y uno de los mejores alcaldes que ha tenido, Madrid. Y el duque de Alba, - don Jacobo Fitz-James Stuart Falcó Portocarrero y Osorio, académico de la Española, de la de Bellas Artes de San Fernando Director de la de la Historia. Embajador, Ministro Magnífico español, de gran corazón y de esclarecido talento, que hizo honor continuado a su alto rango; cualidades brillantísimas que puso incansablemente al servicio de la Patria. Actualmente son congregantes de honor: S. A. R. el Serenísimo Señor Infante de España don Luis de Baviera y Borbón y su hermano, S. A. R. el Srino. Señor don José Eugenio de Baviera y Borbón, Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Y también damas ilustres. En 1o aquella doña Maria hidra de Guzmán y de la Cerda, duquesa de la y condesa de Guevara, cuyos grandes conocimientos de las lenguas griega y latina, matemáticas y filosofía, le valieron el título de Doctora en Filosofía y Letras Humanas, en la-Universidad -de Alcalá, siendo recibida en la Real Academia Española el 2 de noviembre de 1784. Y la igualmente académica doña Mariana de Silva y Sarmiento, hija del VIII Marqués de Santa Cruz, hermana de Pedro, y sucesivamente por sucesivos matrimonios, duquesa de Huesca, condesa de

Fuentes y duquesa de Arcos. Fue siempre muy inclinada a todo género de estudio y literatura, pues componía versos Excelentes y tradujo varias tragedias del francés. Pero él arte que llegó a dominar sobre todos fue el dibujo y la pintura, triunfando en cuantos certámenes y exposiciones sé presentó, por lo que la Real Academia de San Fernando la nombró académica, también honoraria, en 20 de julio de 1766 y después directora, también honoraria, con voz y, vota,y la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo,La nombró Académica libre honoraria. Fue madre de la XIII duquesa -de Alba, doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva, más conocida en la historia como la Duquesa Cayetana, que también fue congregante y a quien una leyenda venida de fuera se empeñó en desfigurar.

Aunque bueno será dejar de cantar la fantasía, para comenzar a contar la historia verdadera de esta figura que bien merece el homenaje de un comentario auténtico y sereno, por su carácter elevado, profundamente caritativo y Españolismo.

Y a su lado habremos de situar a su coeva la duquesa de Osuna, a quien la emulación hizo inseparables. Fue doña María-Josefa de la Soledad Alonso Pimentel y Téllez-Gi. r6n, Boria y Centelles, esa-duquesa de Benavente. La representante de uno de los linajes más preclaros de España, y por sus condiciones personales, -la primera. Figura de la Corte madrileña: Su talento, cultura y extraordinaria sensibilidad, la impusieron en aquél plano preeminente. Con su esposo, el IX duque de Osuna, fue asiduo congregante y protectora decidida de nuestra Real Congregación.

Más modernamente, ya casi entre nosotros, quisiera citar a dos congregantes infantas y madrileñisimas: S. A.  la Serenísima Señora doña María Teresa de Borbón y Habsburgo, modelo  de sencillez, de caridad, y S. A.  la Serenisima Señora doña Isabel Francisca de Asis de Borbon  de quien se puede afirmar que no hemos conocido dama egregia que llegara más al corazón. Por su bondad espontánea, por su extraordinaria generosidad de manos abiertas en el dar, ni que arrastrase más entusiasmo de amor popular. Fue gran devota del Santo y la más diligente madrileña en testificarle, muy de mañana, -el 15 de mayo; en la Real Colegiata, en -San Andrés, en el Palacio de Peñafuente y en la Pradera, al atardecer. , en donde el pueblo, aclamándola, hacia jardín. Y Junto a esta legión de personalidades eminentes por su alcurnia, su talento o sus virtudes, los humildes; aquellos que tan sólo dejaron como único rastro de sus vidas, la estela de su bondad sencilla y del ardor de su fe, puesta en esta devoción por el Santo Patrono. Tal vez héroes o mártires caídos en el-anonimato de una lejanía; tal vez aquellos chisperos, carne del pueblo, "que ganó con su sangre para la Villa de Madrid él titula de heroica y para su blasón la corona de laurel, en la gloriosa hazaña del Dos de Mayo". Y sin intención de remover llagas que están cicatrizadas, hemos de añadir los veintiocho hermanos congregantes, mártires y héroes también, caídos en las jornadas sangrientas de 1936, cuyos nombres son como una estrofa del gran poema de dolor en aquella epopeya de la fe frente al escalofrío del terror que, aún hoy, pese a la voluntad de olvidar y al cristiano sentir, perdura entre visiones de horrible pesadilla.

Pasan- los años, han pasado siglos, en donde los días van siendo testigos de la presencia continuada de unos congregantes que, como en los -pretéritos tiempos, no resisten estrecheces para la fe y perviven en un mismo amor hacia su Patrono. Así, la egregia Congregación está, espiritualmente, en el mismo punto en que partió, en medio- de una convivencia sencilla, sin empaques de rango ni actitudes separadoras. Madrileños de todos los caminos. Foco de irradiación fundamental de fervor Isidro, mantenido con reverencia en toda el pasado con el presente y el futuro, en esta constante- devoción, al Santo labrador.

Consul en Paris.

Madrid, 19 de marzo de 1966.

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