Literatura y arte

R. M. I. P. Congregación de San Isidro

[buzón]

                    SAN ISIDRO  EN LA LITERATURA

HISTORIOGRAFÍA SOBRE SAN ISIDRO

Las primeras obras impresas en las que aparecen referencias a San Isidro se deben a Lucio Marineo Sículo (15 39) "', Juan López de Hoyos (1564), Ambrosio de Morales "' (1574) y Basilio Santoro en 1588 ".Hay que esperar hasta 1592 para ver la primera monografía dedicada al patrón de Madrid, debida a Alonso de Villegas, autor de los Flos Sanctorum, quien con esta pequeña obra de 27 folios que titula Vida de San Isidro contribuye a crear el estado de opinión necesario para iniciar el proceso de Beatificación y Canonización. Utiliza como fuentes el Códice medieval de la iglesia de San Andrés y algunos otros documentos que le fueron facilitados por Fray Domingo de Mendoza y D. Diego de Salas Barbadillo, Agente de Nueva España y verdadero impulsor de la canonización del patrón de Madrid, a quien se debe la edición del libro, el encargo de la pintura del milagro del arado en la iglesia de San Andrés y la gestión para la concesión de la Bula de Gregorio XIII (1584) por la que concede indulgencia a todos los que visitaran la ermita del santo en ciertos días del año. Considera un "descuido" el no estar canonizado Isidro`, y propone que sea la Villa de Madrid la que inicie las gestiones necesarias"' para su canonización, cuya vida narra siguiendo el siguiente esquema: De procedencia mozárabe, es devoto de Na Sa de Atocha, parroquiano de San Andrés, obra los milagros siguientes: la multiplicación del trigo al alimentar a las palomas, los ángeles arando, el milagro del lobo rezando en la iglesia de la Magdalena, que está como una legua de Madrid, cerca de Caramanchel de Abaxo, resucita un caballo de su amo, milagro de la multiplicación de la comida con los pobres, y el milagro de la fuente. Señala el enterramiento de María de la Cabeza en la ermita de Torrelaguna  (hasta 1596 no se descubrieron la totalidad de sus restos), y la tradición antigua de llamarse De Isidro la ermita edificada sobre la fuente milagrosa. Relata su aparición en  junio. Las prisas se hicieron notar cuado escribe: "En la segunda impresión sal, otra tabla de las cosas que parecerán notar que ahora por la priesa no dio lugar para poarla ". No hubo segunda edición.

La obra es muy extensa, en dos Libros de 350 y 267 páginas. En el Libro 1 con -2capítulos relata ampliada y con digresione ascéticas y referencias bíblicas la vida de San Isidro. En el Libro lI dedica dos Tratados (págs. 1-188) a los milagros del Santo   (hasta su canonización, y el Tratado tercera a la vida de Santa María de la Cabeza. Incluye en un apéndice el Discurso de D. Alonso Franco, párroco de San Andrés. en la Beatificación del Santo Labrador.

En este mismo año, 1622, Melchor Ramírez de León publica en Roma una hagiografía en italiano de San Isidro, que es traducida al francés por el Sr. de Hardeville, y publicada en París en 1622. La obra italiana fue traducida al alemán por Pedro Albertal en 1629'. En 1627 fray Reginaldo publica en Perpiñán y en castellano, una biografía de los santos labradores Isidro de Madrid y Galderique de Canigou.

Retornando a la Villa y Corte, Jerónimo Quintana dedica 16 capítulos y 26 folios a la vida de San Isidro, y un capítulo con 3 folios a la de su santa esposa en su Historia de la Villa de Madrid de 1639, páginas en las que utiliza la información de los Procesos, pero en las que, a pesar del prestigio del autor y obra, interpreta las fuentes con escaso rigor científico y mucho apasionamiento, en un intento de amplificar la figura del Santo y su relación con Madrid.Una biografía que ha sido poco valorada hasta ahora es la del P. Gregorio Argaiz, Cronista de la Orden Benedictina, quien publica en 1671 La Soledad y el Campo laureados por el Solitario de Roma y el Labrador de Batalla de las Navas, la procesión de 1275 y anota el epitafio que hizo Juan Hurtado de Mendoza y la divisa, o heráldica de San Isidro, en el año 1543, en la que figura un rosario, la aguijada, la hoz y espigas.Canonizado San Isidro en 1622, el Concejo de Madrid encarga al dominico Fray Jaime Bleda la redacción de una hagiografía de San Isidro, que debe estar impresa el 15 de mayo de 1622. Para su redacción contó con la información de las Declaraciones de los Procesos, por lo que puede aportar copiosa documentación. La última noticia que incluye es la canonización el 12 de marzo 1622.

El siglo xvIII se inicia en el panorama historiográfico de San Isidro con una obra de Rafael Ortiz Vida y milagros de San Isidro, publicada en 1713, reeditada en Madrid en 1723 y en Córdoba en 1765, con escasas aportaciones.De 1730 es la primera monografía dedicada a la esposa del Santo Labrador. Fue escrita por Andrés de Salazar y Castillo y lleva por título La estrella carpetana. Vida de la Sierva de Dios María de la Cabeza. En ella se hace eco de la Bula de Inocencio XII de 1697 por la que se aprueba el Culto Inmemorial de Santa María de la Cabeza, de quien narra la vida en dos libros y 130 páginas. En el primero comienza por su nacimiento, el matrimonio, el paso del río Jarama, el nacimiento del hijo, su crianza, su regreso a Madrid, la muerte de San Isidro y los últimos años hasta su muerte. El Libro lI lo dedica a la ermita de Santa María de la Cabeza en Torrelaguna, el culto inmemorial, sus reliquias, su traslación a Madrid, y sus milagros.

En 1741 vio la luz una obra muy sólida sobre San Isidro. Su autor es José Nicolás de la Cruz, fraile mínimo del Convento de la Victoria de Madrid. Su extenso título Corona de Cortesanos y lauro de Labradores, o espejo de Labradores y ejemplar de Cortesanos. La vida, virtudes y milagros de San Isidro Labrador patrón de la antigua, noble, leal y coronada Villa de Madrid, Corte de España y trono de sus católicos monarcas. Adjunta la vida, virtudes y milagros de su dignísima esposa Santa María de la Cabeza (...). De la primera parte del título, lo explica y justifica el autor del siguiente modo: Por los méritos de San Isidro, y de su santa esposa, bajaron los Cortesanos de el Cielo (los ángeles) a ser labradores de Madrid. Y los labradores de Madrid (nuestros santos) subieron a Cortesanos de el Cielo, siendo uno, y otro corona de honor para los Cortesanos de esta Coronada Villa, no menos que lauro de gloria para los Labradores de su felicísima tierra. Lauro es para los labradores de Madrid mirar sobre los altares tan claro espejo, donde ven la santidad como divisa propia de su ejercicio. Corona es para los Cortesanos de la Corte Católica tener de el propio solar exemplar Canonizado, a quien imitar generosos en la no vulgar empresa de una virtud heroica "

A pesar de estilo tan barroco, la información es muy extensa. Divide las 336 páginas en cuatro Libros dedicados los dos primeros a la vida de los Santos Labradoresque concluye con una nueva contestación del canónigo Rosell en 1794 en las Adiciones a la Disertación sobre la aparición de San Isidro en la batalla de las Navas.

A pesar de lo peregrina que pueda resultar la polémica, los autores, buscando argumentos, revisan críticamente las bio grafías de San Isidro, contribuyendo a depurar la historia.El siglo xix presenta un panorama historiográfico desalentador, en el que la cantidad no corresponde con la calidad, salvo muy escasas excepciones. Parece que los autores se muestran más preocupados por el aspecto devocional del santo, dando lugar a numerosos y pequeños opúsculos que nada aportan. Entre ellos: J. L. L. F. Historia de la vida de San Isidro Labrador. (1832) 24 págs. T. J. M. Vida del glorioso San Isidro Labrador (1847), 48 págs. Anónimo. Vida de San Isidro Labrador (1851), 31 págs. Anónimo. Vida del glorioso... (1856), 48 págs. D. F. G. y T. Opúsculo de la vida... (1867) 31 págs. García Calatrava, F. Epítome o compendio sencillo... (1875), 32 págs. Butiñá, F. Vida de San Isidro (1878), 64 págs. Anónimo. Vida de Sant Isidro Llaurador. Vich, 1888, 8 págs. Pérez Garcés, L. El santo Isidro Labrador (1890), 31 págs. Gómez Jalón, P. Vida de San Isidro Labrador (1894). Y Moreno de la Tejera, V. Historia exacta de San Isidro Labrador (1896), 15 págs.Como aportaciones decimonónicas hay que señalar el estudio de Fidel Fita sobre el Códice de Juan Diácono en el Boletín de la Real Academia de la Historia de 1886, quien publica por primera vez y con espíritu crítico el texto latino del Códice, del que hace su transcripción. Unos años más tarde Gerardo Mullé de la Cerda publica una Vida de San Isidro Labrador en 1891, en la que analiza la bibliografía existente sobre el santo mantenidos por un empleado de la Real Biblioteca "8.

Surge a partir de la revisión crítica de la historia medieval española, con una obra del marqués de Mondéjar: Memorias históri cas de ... Alonso el Noble..., publicada en 1783, que es rebatida por D. Manuel Rosell, Canónigo de la Real Iglesia de San Isidro en Disertación histórica sobre la aparición de San Isidro, patrón de Madrid, a los reyes..., de 1789, que refutó Juan Antonio Pellicer y Saforcada en el Discurso sobre varias antigüedades de Madrid... (1791). En el mismo año replica el canónigo Rosell con la Apología en defensa de la aparición de San Isidro en la batalla de las Navas..., réplica a la que contesta Pellicer en 1793 con la Carta histórica-apologética...Bilbao, Ediciones Paulinas, 1962. Velázquez Díaz: San Isidro Labrador, modelo de las labradores de todos los tiempos, Granada, 1962, y Carlos Ros: Vida de San Isidro Labrador. Madrid, San Pablo (2a), 1995. Adelantándose al 1X centenario del nacimiento de San Isidro, Amarie Dennis publica en Madrid, y en 1981 Saint Isidro Labrador. Patron of Madrid, la única obra que conocemos sobre el Santo Labrador escrita en inglés, que creemos estuvo destinada a los miembros de la National Catolic Rural Life Conference de EE.UU, quienes comenzaron a peregrinar a Madrid en 1957.

La efemérides de 1982 fue motivo para que la Academia de Arte e Historia de San Dámaso, publicara un año más tarde una obra de conjunto que mejora sustancialmente lo publicado hasta entonces. San Isidro patrón de la Villa y Corte: IX centenario de su nacimiento (262 págs). Se estructura en 22 trabajos encargados a otros tantos especialistas, dando lugar a una obra que a pesar de la falta de coordinación, la ausencia de bibliografía general y la escasa difusión de la misma, es imprescindible para los estudios posteriores sobre San Isidro, y que abrió una nueva etapa historiográfica.Francisco Moreno había publicado en 1982 San Isidro Labrador: Biografía crítica, y diez años más tarde San Isidro Labrador, que completa en 1994 con una biografía dedicada a Santa María de la Cabeza. Estos estudios suponen una valiosa aportación a la historiografía Isidoriana.De 1987 es la obra de Fr. Domingo Fernández Villa (75 págs.), quien expone con claridad los aspectos fundamentales de la vida, milagros y culto a San Isidro, con abundante material gráfico en color y en gran medida inédito.El Códice de Juan Gil de Zamora ha sido objeto de dos recientes traducciones al castellano. En 1988 por María Paz Herrero Lorenzo (77 págs.), y una segunda, la espléndida edición realizada en 1993 por la Academia de Arte e Historia de San Dámaso con ocasión de la inauguración por S.S. el Papa Juan Pablo H de la Catedral de la Almudena en Madrid. Incluye la primera reproducción facsimilar íntegra del Códice medieval, la transcripción en latín del P. Fidel Fita, revisada, y la traducción al castellano, en una edición impecable, y que al igual que la edición de la obra de 1983, creemos no ha tenido la difusión que merece.La obra más reciente se debe a Ediciones La Librería, que publica en La Pequeña Biblioteca de Madrid (1999) un opúsculo de Ma Isabel Gea Ortigas titulado La Almudena y San Isidro patronos de Madrid, en la que realiza una apretada síntesis de la vida del Santo madrileño en 29 páginas.

La imprenta española en el siglo XVII:
Los impresores


QUINTANA, Jerónimo
A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid:
historia de su antigüedad, nobleza y grandeza.
En Madrid: en la Imprenta del Reyno, 1629. 29x20 cm.
[FLL 30340].

En Madrid, desde que Felipe II instaló la Corte en ella, en 1561, se vive una intensa vida intelectual, con la consiguiente actividad libraria. Más de cien impresores trabajaron durante la centuria en Madrid: Juan de la Cuesta, impresor de la primera edición del Quijote, Alonso Martín, Juan González, Andrés García de la Iglesia, etc.

Destacan Luis Sánchez, impresor humanista, con una cuidada y copiosa producción ejemplo de la cual son las Obras de Luis Carrillo (1613) que incluye portada grabada por el famoso valenciano Perret; Francisco Martínez, del que se exponen los Diálogos de la Pintura de Vicente Carducho (1633) con láminas diseñadas por el mismo autor; Juan García Infanzón cuya Descripción del real monasterio de San Lorenzo de el Escorial del padre jerónimo Francisco de los Santos (1698) incluye magníficos grabados de una de las cumbres de la arquitectura de los Austrias en España. Y sobre todo, la Imprenta Real, creada a finales del siglo XVI y que alcanza su mayor esplendor en este siglo convirtiéndose en la mejor imprenta del siglo XVII en España. Estuvo regentada, en sucesivas etapas, por los mas importantes impresores madrileños que compitieron por ofrecer publicaciones de una gran perfección formal. Algunas piezas son, todavía hoy, imprescindibles en la bibliografía madrileña, como la obra de Jerónimo de Quintana, A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid: historia de su antigüedad, nobleza y grandeza (1629) en la que la portada, grabada por Roberto Cordier, reproduce el altar de la Virgen de Atocha con el escudo de Madrid, el oso y el madroño, y numerosas alegorías: Grecia, Roma, la Fe, la Eucaristía y animales simbólicos.

En el antiguo Reino de Aragón se desarrolla durante este siglo una importante labor en el campo de la edición. En Barcelona permanecieron activos durante la centuria unos sesenta talleres entre los que destacan los de Margarit, Matevad, Lacavallería y Sebastián de Cormellas que publicó numerosos libros de temática catalana como la Historia de los victoriossimos Condes de Barcelona de Francisco Diago (1603). Los Lanaja, junto con la familia Dormer, desarrollaron una interesante producción en Zaragoza, sirviendo de ejemplo de sus talleres los Anales de Aragón desde 1520 hasta 1525, de Francisco Diego de Sayas Rabanera (1666), cuya portada es un ejemplo perfecto del modelo arquitectónico barroco ya mencionado: grabado al buril por el zaragozano Juan Renedo en la que una colgadura central contiene los textos identificativos de la obra y rodeado de una orla con el escudo del Reino de Aragón en el centro y los escudos de las demarcaciones geográficas sobre las columnas salomónicas; en el basamento, alegorías emblemáticas. En Valencia, salido de las prensas de Pedro Patricio Mey, podemos contemplar los Anales del Reyno de Valencia, también de la pluma de Francisco Diago. Finalmente, en Mallorca, de los herederos de Gabriel Guasp, se expone la obra de Vicente Mut, Historia del Reyno de Mallorca (1650).

Andalucía está representada por la imprenta granadina de Andrés de Santiago que, en 1638, publica la obra de Francisco Bermúdez de Pedraza Historia eclesiástica, principios y progressos de la ciudad y religión católica de Granada.

 

Juan Mongastón, impresor en Nájera, ocupa un lugar en este apartado por ser el responsable de la primera edición que se realiza en España sobre los Emblemas de Alciato, por Diego López, Declaración magistral sobre los emblemas de Andrés Alciato (1615). El libro de emblemas, producto del más puro contrarreformismo, responde al objetivo de propagar visualmente las verdades de la Iglesia o ideas morales o políticas mediante la interacción de texto e imagen, puesto que un emblema consiste en dotar a una imagen de un título explicativo y de un poema. En general, en España las ilustraciones de los emblemas son toscas xilografías, más baratas que las calcografías, como en el ejemplo expuesto. Fueron obras muy populares y su venta estaba asegurada.

Artus Taberniel en Salamanca, Pedro Rodríguez en Toledo, Francisco de Lyra en Sevilla, Juan Nogués en Huesca, Luís Martínez Grande en Alcalá de Henares, son los nombres de algunos de los muchos impresores que trabajaron en esta centuria en la que la función de impresor se enriquece, todavía más, convirtiéndose en el factor esencial de la fabricación del libro en su sentido más amplio: editor, mercader, patrocinador, librero, distribuidor, etc.

 

LOPE DE VEGA (Madrid, 1562-1635): VIDA Y SEMBLANZAS

LOPE DE VEGA

Los múltiples y a veces turbulentos azares de la vida de Lope de Vega, fueron esencialmente sentimentales y afectivos. Detalles tan recónditos de su existir no podríamos conocerlos si el propio poeta no hubiera ido trasponiendo esos pormenores a su obra literaria. Lope sentía la necesidad de dejar testimonio de sí mismo. Es evidente que el protagonista no es -no puede ser nunca- un narrador imparcial. Sobre todos los acontecimientos pondrá el filtro de la subjetividad. Añadamos a esto que tuvo siempre sus manías y entre ellas se contó el acrecentar el número, en verdad grandísimo, de sus obras y el restar algunos de sus años. En casi todas sus obras encontraremos la vida invadida por la literatura y, como corolario, la literatura impregnada de vida.
Félix Lope de Vega Carpio nació en Madrid a finales de 1562. Hay discusión acerca de la fecha exacta. El primero de sus biógrafos, su discípulo Juan Pérez de Montalbán, señaló el 25 de noviembre, «día de San Lope, obispo de Verona», pero W. T. McCready ha apuntado que el día de San Lope es el 2 de diciembre, por lo que también se apunta esta última fecha. Sus padres fueron Félix de Vega y Francisca Fernández Flórez, naturales -al parecer- del Valle de Carriedo, en la Montaña santanderina. Félix de Vega, bordador de profesión, debió de acudir a Madrid en 1561, atraído por las posibilidades profesionales y económicas que le brindaba la recién estrenada capitalidad. Lope se jactó siempre del origen montañés que apunta en una carta a una poetisa indiana, que llama Amarilis, y que parece que es invento suyo también, y de la «nobleza» que le venía de sus antepasados. Esa hidalguía estaba más en su imaginación que en los documentos o en la consideración social. Se ha insinuado la posibilidad de que Lope fuera de origen converso. En los textos de Lope se recrea con cierta frecuencia el caso del hombre valioso cuyo ascenso se ve injustamente dificultado por su origen. No obstante, en otras obras no faltan puntazos antijudaicos, que reafirman los viejos tópicos de la comunidad cristianovieja y nos muestran que el poeta había asimilado los valores imperantes en la sociedad de su tiempo.
El que sería conocido como «Fénix de los ingenios españoles» comenzó estudiando en la escuela de Madrid que regentaba Vicente Espinel, a quien siempre trata con veneración y respeto en sus escritos. Continuó su formación en el estudio de la Compañía de Jesús, que más tarde se convertiría en Colegio Imperial. Posteriormente, parece que cursó cuatro años (1577-1581) en Alcalá de Henares, aunque sin alcanzar ningún título. Había entrado siendo muy joven al servicio del obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique. Algún estudioso ha apuntado la posibilidad de que también estudiara en la Universidad de Salamanca, pero de esto no existe más indicio que una ambigua alusión en la presentación del apócrifo Tomé de Burguillos. La inspiración salmantina y universitaria de algunas de sus obras (El bobo del colegio, El dómine Lucas...) puede y debe explicarse, mientras no dispongamos de noticias más concretas y fidedignas, por su estancia en Alba de Tormes en 1590-1595.

En junio de 1583 zarpó de Lisboa, tras alistarse en la escuadra que, al mando del marqués de Santa Cruz, tenía como objetivo reducir la resistencia que en la isla Terceira (Azores) oponía el prior de Crato, aspirante al trono portugués, a la autoridad de Felipe II. Al regreso, conoció a la primera de las numerosas mujeres que amó: Elena Osorio, Filis, hija del empresario teatral Jerónimo Velásquez, separada de su marido. En 1587, al saber que un importante personaje, Francisco Perrenot Granvela, lo desplazaba del amor de Elena, hizo circular contra ella y su familia unos poemas insultantes, por lo que fue condenado a cuatro años de destierro de Madrid y a dos del reino de Castilla. Pero el 10 de mayo de 1588 contrae matrimonio por poderes con Isabel de Alderete (Belisa) o de Urbina, hija del famoso pintor. Por esas fechas aseguró Lope que se alistó en la Gran Armada que se dirigía contra Inglaterra, luchando en el galeón San Juan, pero es dudoso; en la corta travesía, que probablemente no abandonó la costa hispano-portuguesa, escribió un poema épico al modo ariostesco: La hermosura de Angélica. En diciembre de 1588 volvió derrotada «La Invencible» y con ella debió regresar Lope, que se dirigió a Valencia, tras incumplir la condena que se le había impuesto al pasar por Toledo. Con Isabel de Urbina vivió en la capital del Turia, donde afianza su estética teatral junto a notables dramaturgos como Tárrega, Gaspar Aguilar, Guillén de Castro, Carlos Boil y Ricardo del Turia.
Tras cumplir los dos años de destierro del reino, Lope se trasladó a Toledo y allí sirvió a don Francisco de Ribera Barroso, más tarde segundo marqués de Malpica, y entró al servicio del quinto duque de Alba, don Antonio de Toledo y Beamonte. Como gentilhombre de cámara se incorporó a la corte ducal de Alba de Tormes, donde vivió entre 1592 y 1595. Allí murieron Isabel de Urbina (en otoño de 1594), al dar a luz a Teodora, y las hijas habidas en el matrimonio. Escribió por entonces su novela pastoril La Arcadia.
En diciembre de 1595 le llega el anhelado perdón y regresa a Madrid, donde es acogido calurosamente. Una nueva pasión le aguarda: Micaela Luján, Celia o Camila Lucinda en sus versos, mujer bella e inculta, también casada, con la que mantiene relaciones hasta 1608, y de la que tendrá cinco hijos, entre ellos dos de sus predilectos: Marcela (1606) y Lope Félix (1607). A partir de 1608 se pierde el rastro literario y biográfico de Micaela de Luján. Lucinda es la única de las amantes mayores del Fénix cuya separación no dejó huella en su obra. Pero en 1598 había contraído segundas nupcias, tal vez por dinero, con Juana de Guardo, hija de un rico abastecedor de carnes, vulgar y poco agraciada. Sólo en los poemas dedicados a su amado hijo Carlos Félix (el matrimonio tuvo, además, tres hijas) asoma la figura borrosa de la esposa. Durante bastantes años Lope se dividió entre los dos hogares. A pesar de tan ajetreada existencia, esta época fue pródiga en impresiones. Para entender en su justa dimensión lo que significa esta avalancha de papel impreso, debemos tener presente que en el Siglo de Oro los poetas, por timidez o despreocupación, se resistían a imprimir los frutos de su ingenio. La obra de Lope se había difundido manuscrita y a través de ediciones que el autor no había promovido ni autorizado. Espera hasta los treinta y ocho años -él, que era famoso desde los veintipocos- para resolverse a patrocinar con su nombre las ediciones.

En 1605 conoce y traba amistad con don Luis Fernández de Córdoba y de Aragón, duque de Sessa, con el que mantendrá a lo largo de toda su vida una extraña relación en la que se mezclan los papeles de secretario, confidente y alcahuete. En septiembre de 1610 Lope se traslada definitivamente a Madrid y compra la casa de la calle Francos (hoy de Cervantes), en la que vivirá el resto de sus días. En 1609 había ingresado en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento en el oratorio de Caballero de Gracia y al año siguiente se adscribió al oratorio de la calle del Olivar. Pero no duró mucho esta experiencia plácida y sin contratiempos. Doña Juana sufre frecuentes enfermedades y en 1612 Carlos Félix, al que había dedicado poco antes Los pastores de Belén, muere de unas calenturas. El poeta escribirá una de las más bellas elegías de nuestra lengua («Éste de mis entrañas dulce fruto...»), pero poco intensa, porque Lope era demasiado vital. El 13 de agosto del año siguiente Juana de Guardo muere también, al dar a luz a Feliciana. El 24 de mayo de 1614 decide ordenarse sacerdote. La huella literaria de esta crisis y sus arrepentimientos irá a parar a las Rimas sacras, publicadas en 1614, que contienen sin disputa los más bellos sonetos sacros del Barroco. Las Rimas sacras contienen bellísimos sonetos que figuran en todas las antologías.
El recién ordenado entró enseguida en la carrera de los beneficios eclesiásticos. Por medio del duque de Sessa consiguió una «prestamera» en la diócesis de Córdoba y en 1615 solicitó una capellanía que instituyó en Ávila su antiguo protector Jerónimo Manrique. En octubre de ese mismo año acompañó a su señor en la comitiva que acudió a Irún con la infanta Ana de Austria y dio escolta de honor hasta Madrid a Isabel de Borbón, la futura esposa de Felipe IV. Poco duró la castidad del nuevo sacerdote. Además de la relación con una comedianta («La loca») durante su viaje a Valencia de 1616, Lope tiene el último gran amor de su vida en otra mujer casada, Marta de Nevares, a la que en los textos literarios llamará Amarilis y Marcia Leonarda. Cuando se conocieron, la muchacha tenía veintiséis años y el poeta rondaba los cincuenta y cuatro. Estos amores sacrílegos se divulgaron muy pronto por Madrid y no tardaron en aparecer críticas mordaces y sangrientas. Marta, que apenas alcanzaba los treinta años cuando enviudó, gozaba, a juzgar por el retrato que nos dejó Lope, de una singular belleza. Lo espiritual no iba por detrás de lo físico. Amarilis tenía verdadera afición al arte y animó a Lope a proseguir su carrera literaria e incluso a experimentar nuevos géneros que hasta entonces no había cultivado. Así nacieron las cuatro novelas italianas que, dedicadas a la señora Marcia Leonarda, aparecieron en La Filomena (1621) y La Circe (1624).
A mediados de 1620, su hijo Lope ingresaba en el ejército y en 1621, su hija Marcela, la hija de Lucinda, profesaba en las Trinitarias descalzas, lo que poetizará Lope en una carta a Francisco de Herrera Maldonado. Por las mismas fechas, quizá algo antes, Marta de Nevares pierde la vista, lo que será el prólogo de otra serie de desgracias familiares que acometerán al viejo poeta. En tanto, Lope trata de acercarse a los nuevos gobernantes. Desde 1621 reinaba Felipe IV y gobernaba don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. A éste y a su hija dedica alguna obra, pero no consigue el favor buscado. El desaire de los poderosos irá engendrando un sentimiento de desengaño y frustración que impregnará sus obras de vejez. Parece que en 1628 Marta sufrió ataques de locura. A pesar de todo, el Fénix sigue publicando: el Laurel de Apolo (1629), El castigo sin venganza (1631), La Dorotea (1632). En este último año, el 7 de abril, muere, con poco más de 40 años, Marta de Nevares. El entierro lo pagó oficialmente Alonso Pérez, el librero amigo del poeta y padre del discípulo predilecto.
Con la muerte de Amarilis no terminaron las desdichas y las inquietudes de Lope, porque en 1634 moría su hijo Lope Félix, y su hija Antonia Clara, la que tuvo con Marta de Nevares, se fugaba de casa con Cristóbal Tenorio, lo que lamentará bellísimamente Lope en la égloga Filis. Sigue, no obstante, dando a la escena nuevas comedias, como Las bizarrías de Belisa, y, en medio de este torbellino de sucesos, tiene Lope el humor de publicar las Rimas humanas y divinas del Licenciado Tomé de Burguillos, uno de los libros más encantadores y llenos de humor de la poesía española de todos los tiempos. En el prólogo, Lope asegura con gracia haber conocido a Tomé de Burguillos en Salamanca y que «parecía filósofo antiguo en el desprecio de las cosas que el mundo estima».
Lope no dejó de escribir hasta cuatro días antes de su muerte. Muchos de estos poemas de los últimos tiempos se publicaron póstumamente en La vega del Parnaso (1637). El 25 de agosto de 1635 sufrió un desmayo que le obligó a guardar cama. Dos días después, el lunes 27, moría en su casa de la calle de Francos cuando contaba setenta y tres años. El martes lo enterraron solemnemente en la iglesia de San Sebastián. Las honras fúnebres las costeó el duque de Sessa y se convirtieron en un homenaje multitudinario. El funeral acordado por el ayuntamiento de Madrid fue prohibido por el Consejo de Castilla; la vida irregular que había llevado el poeta le persiguió aun después de muerto.

Bibliografía


OBRAS SELECTAS: LA DAMABOBA; EL PERRO DEL HORTELANO; PERIBAÑEZ Y EL COMENDADOR DE OCAÑA; FUENTE OVEJUNA; EL MEJOR ALCALDE, EL REY; EL CABALLERO DE OLMEDO
La edición contiene las obras más conocidas en la amplia producción de Lope de Vega. El prólogo ha sido realizado por Miguel García-Posada, crítico literario y especialista en teatro español de los Siglos de Oro.
FUENTEOVEJUNA
Lope de Vega recoge los hechos acaecidos en esta población en 1476 (ovejas sois, bien lo dice de Fuenteovejuna el nombre). ¿Hasta dónde puede llegar un pueblo harto de la injusticia? Fuenteovejuna, basada en el levantamiento ocurrido en dicha ciudad, trasciende en el tiempo. (España 1476). Lope de Vega plasma los valores del hombre en su más profunda dimensión.

EL CABALLERO DE OLMEDO
Don Alonso, el caballero de Olmedo, se enamora de doña Inés en Medina, a cuya famosa feria ha asistido. Fabia, una celestina conocida de su criado Tello, le ayuda a hacer llegar su amor a la dama, que a su vez se ha enamorado del cabllero. Don Rodrigo también la pretende y se siente furiosamente celoso de su rival, que además ha obtenido fama y éxitos en la feria por su valor y arte en los toros. Al terminar las fiestas, el caballero se dirige al Olmedo y por el camino le avisan de que planean darle muerte. Sigue sin hacer caso y efectivamente lo mata su enemigo. Tello comunica la noticia en la casa de la amada, cuyo padre había accedido finalmente a la boda. El rey Juan II, que ha acudido a la feria, ordena el ajusticiamiento del culpable.
PERIBAÑEZ Y EL COMENDADOR DE OCAÑA
Peribañez y el Comendador de Ocaña es una de las mejores obras de Lope de Vega. Otra entrega de esta colección perfectamente anotada y editada por Donald McGrady de una de las piezas más celebradas de Lope de Vega.
LA DAMA BOBA
En La dama boba Lope de Vega usa la simplicidad para explorar el tema de amor en varios niveles. Para poder explorar este tema, simplificó los personajes utilizando sólo los imprescindibles. Se ve no habla de mujeres que no sean las hermanas y sus respectivas criadas. En cuanto a los hombres, solo incluye a los pretendientes y a un criado por cada uno. A través de cada personaje trata un aspecto diferente del amor.
EL PERRO DEL HORTELANO
Comedia de enredo que gira en torno al amor, los celos y el honor; nos presenta la lucha interior que vive la Condesa Diana entre el amor que siente hacia su secretario Teodoro y los convencionalismos sociales que le impiden contraer matrimonio con él. Pero Diana tampoco consiente que Teodoro, hombre que pertenece a una clase social inferior, se case con su enamorada, la criada Marcela. ¡Ni comer, ni dejar!. Comedia fresca y divertida, en la que todos los personajes defienden su felicidad superando prejuicios y presiones sociales, es una buena muestra del mejor teatro de Lope de Vega, como demuestra el favor del público del que desde siempre ha gozado. La edición, además de una breve presentación, cuenta con una guía de lectura, bibliografía, glosario y aparato crítico. La profesora Paula Barral se ha encargado de la edición.


Calderón de la Barca.

Nacido en Madrid en 1600, estudia con los jesuitas y completa su formación en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca. Participa en varias campañas militares al servicio del duque del Infantado. En 1651 se ordena sacerdote, residiendo en Toledo y más tarde en Madrid como capellán. Dedicado a la literatura, poesía y drama fundamentalmente, su obra le instala como una de las cumbres de la literatura universal. Escribió un total de 110 comedias, 80 autos sacramentales, amén de un sinfín de entremeses, loas, zarzuelas y otras obras. Autor de éxito en el Siglo de Oro de las letras españolas, fue además un escritor favorito de la corte, para quien escribe sus primeros títulos. Así, "El mayor encanto, amor", de 1635, se representa en la inauguración del parque del Retiro de Madrid. Su obra cumbre es "La vida es sueño", un drama de hondo calado filosófico y existencial en el que el autor se plantea cuestiones como el honor, la educación, el destino o la voluntad del individuo para forjarse su futuro, temas que conectan directamente con el gusto barroco. Escribió también diversas obras en las que la sátira y la crítica a la mentalidad de la época son una constante, como la andanada contra la concepción social de la honra y el honor en "A secreto agravio, secreta venganza", "El médico de su honra" o "El mayor monstruo, los celos". Otras obras suyas importantes son "El alcalde de Zalamea", "La dama duende" y otras de temática mitológica, como "La hija del Aire" o "Narciso y Eco". Sobresale además como autor de piezas religiosas, como "El mágico prodigioso", "La devoción de la Cruz", "Los cabellos de Absalón, etc"; y de autos sacramentales, impregnados de religiosidad y simbolismo teológico. De estos últimos merece la pena destacar "El gran teatro del mundo", "La cena del rey Baltasar" o "La hidalga del Valle", entre muchos otros. Falleció en Madrid el 25 de mayo de 1681.

 

SAN ISIDRO EN VERSO            

Baltasar Vellerino de Villalobos dedica en 1592 estos versos al Santo Labrador en la introducción de la obra de Alonso de Villegas:

Isidro siendo en el suelo labrador en paz y en guerra, del grano de vuestra tierra cogéis el fruto en el cielo.

Lope de Vega escribe entre 1596 y los primeros meses de 1597 El Isidro, un relato poético en el que narra la biografía del labrador madrileño en diez cantos, 10.300 versos y 56.520 palabras "9, poema que Vega contribuyó a reavivar la fama de San Isidro en el mundo de la cultura. Según Menéndez Pelayo la obra fue muy popular y merecía serlo porque encanta el brío, la espontaneidad candorosa y deliciosas escenas villanas, que son de lo mejor entre lo mucho bueno que Lope escribió en su género. Prueba de ello son las nuevas ediciones que se hicieron: en Madrid en 1602, 1603; Alcalá, 1607, Barcelona, 1608 y Madrid en 1613, 1632 y 1638.

La beatificación de San Isidro en 1619 dio lugar a la convocatoria de una justa poética en honor del patrón de la Villa, en la que Lope participa en su organización y desarrollo. Publicada en 1620, en la portada un grabado con la leyenda:

Labré, cultivé, cogí Tierras, virtudes y cielo Con piedad, con fe, con celo, San Isidro de Madrid.

Entre los nombres de los concurrentes sobresalen el de Guillén de Castro, Juan de Jaúregui, Calderón, el Maestro Vicente Espinel, y Lope de Vega que se presenta con su nombre y dos seudónimos: Lope de Vega el mozo (su hijo) y el Maestro Burguillos, con magníficos poemas -tal vez lo mejor de las Justas- en opinión de Joaquín de Entrambasaguas

De entre los numerosos certámenes, unas composiciones glosan la siguiente estrofa:

A ninguno Isidro el Cielo, premió por arar tan bien, porque fuisteis sólo quien, aró con el Cielo el suelo.

La Glosa de Burlas, glosa esta estrofa:

¿Es bien, Isidro, que holgando, estéis en el campo vos,

y los Ángeles de Dios estén por vos trabajando?

En las Justas de Canonización de 1622, fueron premiados Guillén de Castro, Mira de Amescua, Francisco Quintana, Francisco Urbino y Pedro Calderón de la Barca. En ellas, Lope de Vega se superó a sí mismo, obteniendo el primer premio del primer Combate con una canción petrarquista magnífica, el tercer premio del quinto Combate con unas redondillas presentadas por doña Antonia de Nevares, hija de Lope y de Marta de Nevares, poemas dedicados a San Isidro, un soneto de Luis Cambronero:

¡Oh San Isidro, bien reverenciado! por todos los nacidos en la Villa, donde tú hiciste tanta maravilla: por eso su Patrono te han nombrado.

De Vargas fuiste siervo y admirado, pues servir de criado no te humilla, porque tu calidad de santo brilla

y hace pensar que el cielo te ha guiado.

Este canto poético lo entono,

porque tu alma de santo me acompaña, mejor dicho, tu voz, que no abandono,

Porque puede evitar cuanto nos daña,

y el que sirvió a un patrón hoy es Patrono de Madrid, capital de toda España.

 

POESIA

A San isidro yo canto

que era pobre y era santo.

Fue por los días mejores,

el campo vestía flores.

Debía ser primavera,

crecía la sementera.

Pronto abandonaba el sueño

este santo madrileño.

San Isidro Labrador

sale al campo antes que el Sol.

Y se pone a trabajar

a los pies del vendaval.

Ve rezar a las hormigas

y las llama sus amigas.

Ve volar a los gorriones,

y les enseña oraciones.

Los bueyes se quedan quietos

en el silencio del huerto.

Deja el arado en la encina

y su rostro se ilumina.

Se arrodilla en el sembrado

y se queda ensimismado.

Mal vestido en su pobreza,

de rodillas ¡qué grandeza!

¡Qué señorío y nobleza

en medio de su rudeza!.

- Señor, tu voluntad sea...

(se le olvida la tarea).

- Das el árbol, das el trigo,

das la sombra y el abrigo.
- Das la lluvia en el verano,
todo brota de tu mano.

- Das la leña en el invierno,

nos das todo, Padre Eterno.

Así rezaba el Señor

San Isidro Labrador.

Y se le pasan las horas,

mientras él ora que ora.

¡ Bajan ángeles veloces

con herramientas y hoces.

Y se ponen a segar

la cebada del lugar.

Vuelve a moverse el arado,

por los ángeles guiado.

Los bueyes, en movimiento,

daban muestras de contento.

Y nunca vieron las flores

tan hermosos labradores.

Los peces del Manzanares

notaron sus alaridades.

Cuando se ocultó la luna

vieron sus alas de pluma.

¡ Un hortelano lo ha visto!

eran ángeles de Cristo.

¡ Eran rubios y espigados

y volaban afanados!

El milagro sucedió

a los pies del Labrador.

 

 

VIDA DE S. YSIDRO

Breve resumen ordenado en verso

de la vida de los felicísimos Esposos

San Ysidro y Santa Maria de la Cabeza,

Patronos de Madrid. 

Año de 1837.

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SAN ISIDRO EN EL TEATRO

San Isidro fue al Teatro, llevado de la mano del Fénix de los ingenios, quien inicia la serie de obras teatrales en las que Isi dro es protagonista. Entre 1615 y 1616 Lope de Vega escribe una comedia: San Isidro Labrador de Madrid, que publica en 1617. En la obra desarrolla Lope la vida del patrón de Madrid, dramatizando sus episodios principales, y de ella señala Tiknor: Esta composición tiene toda la riqueza y variedad de acción y de carácter propias del drama español profano Hay en ella escenas de gran interés, entre guerreros recién llegados a Madrid de una incursión feliz en tierra de moros; otras de mucho regocijo y alegría, con danzas y cantares rústicos, para festejar el matrimonio de San Isidro y el

nacimiento de su hijo; y las hay también propias de una farsa grotesca, como la del sacristán que se queja de que con el poder que Isidro tiene en el cielo, no gana nada en los entierros, pues nadie se muere, y el Santo parece hacer vencido y desterrado a la muerte.

Pero en medio de esta variedad predomina el carácter amable y devoto del Santo, que da una especie de unidad y fuerza poética al conjun to. Los ángeles bajan a arar por él, para que no se le acuse de abandonar sus labores por oír misa: al toque de su ahijada brota una fuente de agua purísima, que en medio de un cálido desierto apaga la sed de su injusto señor. Cantos y poesías populares, una parodia del viejo romance fronterizo, alusiones a la sagrada imagen de la Almudena y a la iglesia de San Andrés, presta animación al diálogo; pinturas todas familiares y domésticas para el vecindario de Madrid, y cuya representación hería cuerdas que a la sazón vibraban aún en todos los corazones.

Se compone de tres jornadas, con 35 personajes. En ella los versos que comienzan:

Molinico que mueles amores...

molinico que mueles mis celos...

La canonización de San Isidro en 1622 dio motivo a Lope para publicar dos nuevas comedias dedicadas al Santo Labrador: La niñez de San Isidro, y La juventud de San Isidro, que fueron publicadas en la Relación de las fiestas de 1622. La niñez de San Isidro se compone de dos actos, con doce personajes, y a juicio de García Villada, la trama es casi nula y la narración a veces lánguida; con todo, hay en ellos ideas delicadas y versos hermosísimos. Entre ellos:

Señor, enseña mi fe, sed vos el maestro mío, porque solamente en vos lo que he de saber confío.

Ahora que soy papel blanco, imprimid de suerte, que a leer un libro acierte que está todo Dios en él.

aves que cantáis amores, serafines de este suelo,

pues cantáis al Rey del Cielo, enseñadme, que no sé,sus alabanzas, y haré lengua de mi limpio celo.

Del primer Acto es este Soneto:

Dios de mi alma, inmenso señor mío,

luz de mis ojos, dulce enamorado, divino Labrador, en cuyo arado, os puso hasta morir mi desvarío.

La comedia relata los primeros años del labrador, en los que ve la obra del Creador en la naturaleza. En una ocasión va Isidro a llevar la comida a su padre, y a los zagales; mientas comen, se queda solo junto al río Manzanares, y dice estas estrofas:

¡Oh, que cosas, Dios mío! el libro del campo abierto muestra con tanto concierto en la orilla de este río.

Para contemplar en vos, pues que la flor más pequeña me está diciendo y me enseña que sois Dios.

Al terminar Isidro estos versos, se le acerca Jesús, vestido de pastor, y se cruza entre ambos un diálogo en las orillas del Manzanares.La Juventud de San Isidro se estructura en dos actos, con doce personajes. El argumento es sencillo: crece Isidro entre labra dores, se casa con María de la Cabeza, llevan ambos una vida santa, turbada sólo por la calumnia, que sirve para acrisolar su mutuo amor y santidad. En la obra, Isidro canta las alabanzas del Señor, al contemplar en el campo sus criaturas:

Árboles, plantas y flores que eternamente alabáis a vuestro Creador, y estáis agradeciendo favores........

 

ICONOGRAFÍA DE SAN ISIDRO

San Isidro ha tenido una muy amplia representación gráfica en innumerables lugares de España, Europa, América y Fili pinas. Es abrumador el número de ocasiones en las que el Santo Labrador ha sido representado en las Bellas Artes. Estructuramos el capítulo analizando la iconografía más antigua, medieval y moderna, para a partir de 1622 señalar las piezas más significativas, en escultura, pintura, grabados y artes menores.

 ICONOGRAFÍA MEDIEVAL Y MODERNA

El atuendo de San Isidro durante su vida en Madrid, Carabanchel y Torrelaguna, fue el de los campesinos de la época, que nos describe Salazar de Mendoza "Andaban los castellanos con las gramallas largas hasta en tierra, con sus antiparas y capirotecos y con cogulla sobre la cabeza, e sin calza, e con barbas largas e saludándose ansi; can orgullo, e paresciáles bien que era maravilla"-.

Las primeras representaciones gráficas de San Isidro se producen en el Madrid del siglo xiii, en relación con su sepulcro. Las fuentes documentales del siglo xvi describen la estatua -hoy desaparecida- atribuida a la donación de Alfonso VIII. "Una figura de bulto del dicho Bienaventurado San Isidro, de estatura de un hombre grande, esmaltada de colorado y oro, y azul y oro, con su capote y capi

lla puesto, muy hermoso el rostro, el cual tiene muy encendido, y las barbas negras y en las manos tiene la aguijada. Y a los pies del dicho retrato está una caja grande de hasta tres varas de larga, todo pintada de dieciséis de los milagros del dicho santo, y en especial cuando multiplicó Dios las ollas para dar a los pobres, y el milagro del arado, y la fundación de una fuente, y la resurrección del caballo de su amo"`. El documento completa lo que hoy podemos apreciar en el arca situada en la Catedral de la Almudena. Mide 2,25 metros de largo, 1,05 de alto y 0,85 de ancho. Es de pino revestido de cuero, cubierto con un aparejo blanco, sobre el cual se han pintado diversas escenas. La fragilidad del cuero, las numerosas cerraduras colocadas sobre la decoración, la devoción popular y el paso del tiempo han deteriorado el arca, que constituye un monumento capital del gótico lineal castellano del siglo xiii. Está formada por una caja y una tapa, compuesta ésta por dos tablas que se unen por el vértice. La composición se estructura en cuadros arquitectónicos con columnas y arcos trilobulados. El frente contiene 16 huecos, cuya descripción, de izquierda a derecha, y de abajo arriba, es la siguiente:

En el primer compartimiento la esposa de San Isidro con una cesta de frutas sobre su cabeza, y una vasija en la mano derecha. Está tocada con una cofia blanca sobre la cabeza, plegada a la morisca, que contorneando el rostro, baja hasta cubrir todo el cuello. Tiene una saya roja, cerrando sobre la garganta, que cae hasta los tobillos, y la aljuba amarilla de mangas largas ceñidas adaptada a la cintura. Los pies los lleva calzados con zapatas abiertas, y sujetas sobre el empeine con cordones que, al cruzarse, forman una especie de redecilla. A continuación, está San Isidro, con aureola de santidad, vestido de sayal negro-verdoso, con capote y capucha blancos y abarcas en los pies, y una aguijada en la mano. Está vuelto de espaldas a su esposa, mirando hacia el cielo, en ademán de dirigir el arado que tira un par de bueyes rojos, que están pintados en el segundo compartimiento. En ambos, hay un árbol como fondo de paisaje. En el tercero aparece su amo Juan de Vargas, sobre caballo, blanco, que va a informarse de si su criado pierde el tiemp como le habían dicho, o está efectivamen trabajando. El cuarto compartimiento llenan dos ángeles con aureola y aguijadlvestidos de blanco, que están arando dos yuntas de bueyes rojos. En el quina aparece Isidro guiando el jumento, cuand va al molino, y da de comer con parte dr trigo a las hambrientas palomas. A esa, sigue en el sexto cuadro la pintura del molino con su rueda y tolva, y de pie dos sacorepletos de harina, anunciando el prodigio del crecimiento de ésta. El séptimo y el octavo forman un conjunto. En el primero se divisa a los dos esposos en el zaguán de su casa, mirándose mutuamente. María dice que no con el dedo a Isidro mientras señala con el otro dedo a la olla que está sobre el fuego. Isidro se dirige a ella y señala también la olla, mientras el pobre espera en la puerta. Y en el segundo, al pobre que llama a la puerta pidiendo una limosna, descalzo, y vestido con esclavina, jubón y bordón o báculo .Las pinturas de la tapa se encuentran muy deterioradas. En el primer cuadro está la Virgen con el Niño Jesús sentado en un trono, teniendo en los dos dedos de la mano derecha una manzana colorada. Arrodillado está Isidro. En el segundo cuadro otra imagen de la Virgen, sedente, sobre un pedestal. En el tercero, Isidro arrodillado orando, acompañado de un ángel. En ambas composiciones se pone el énfasis en la devoción a María del Santo Labrador, con unas advocaciones que podrían ser La Almudena y Atocha. En el cuarto cuadro San Isidro con un ángel, que podría ser la fundación de la fuente. El quinto cuadro es indescifrable, pero bien podría corresponden a la resurrección del caballo de Juan de Vargas. En la sexta escena parece que están representa el atuendo de ambos santos permanece en líneas generales con concesiones a la moda y añadiendo complementos. Para San Isidro es usual un sayo abotonado ceñido por medio de un cinturón. Las mangas suelen ir pegadas bajo unas grandes hombreras abullonadas hasta el codo, algunas veces acuchilladas y luego estrechas hasta ceñirse a las muñecas, dejando ver a menudo los puños de la camisa que pueden ser en forma de volante o incluso rizados. Lleva calzones hasta media pierna y los pies protegidos en ocasiones por botas abrochadas por cordones o botones. Suele ser una constante el uso de la gorguera, que aunque había caído en desuso en tiempos de Felipe IV se encuentra en las representaciones del último tercio del siglo xvii e incluso posteriores. En otras figuras se sustituye por un cuello redondo blanco.Santa María suele llevar faldellín, corpiño, delantal y una camisa con mangas hasta el codo. Los colores varían, aunque en la escultura castellana del siglo xvii predominan los tonos marrones. Estos atuendos aparecen dignificados en el siglo xviii por la opulencia y la decoración que los artistas reflejan en las imágenes por un afán de ennoblecimiento.El hijo de San Isidro, llamado Juan, en honor del amo de San Isidro, Juan de Vargas, conocido como illán, o San Illán, ade más de la representación en el "Milagro del Pozo" en la que aparece como niño, cuenta la tradición que fue a labrar las tierras de la Aldehuela en la vega del Tajo, siendo los últimos años de su vida ermitaño del santuario de Nuestra Señora de la Antigua, donde fue enterrado. En este lugar, que dio origen más tarde al municipio llamado Cebolla, en la provincia de Toledo, se erigió una talla del santo en la que aparece vestido con el hábito de San Antonio Abad, barba larga, un libro en la mano izquierda, y en la derecha un bieldo

ESCULTURA

Gregorio Fernández realiza una talla de San Isidro en 1628 para la Cofradía de la Misericordia de la Villa de Dueñas (Palen cia), policromada por Jerónimo de Calabria. El santo está en actitud de marcha, lleva indumentaria de labrador acomodado; en la mano derecha sostiene una vara, floreada con espigas en la parte superior .Decenas de esculturas de San Isidro de esta época se encuentran en iglesias y ermitas de España. En la iglesia de San Esteban de Fuenlabrada, en la iglesia parroquial de Medina de Pomar (Burgos), en Alcalá de Guadaira (Sevilla), y un largo etcétera.De la primera mitad del siglo xvili son dos tallas de madera de los Santos Labradores, que pertenecen a las Colecciones Rea les '6'. Se encuentran en la Granja de San Ildefonso. San Isidro está representado de cuerpo entero, en pie, cargando el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda. Mira hacia lo alto, coloca la mano derecha sobre el pecho y la izquierda levantada, sujetando una aguijada para azuzar a los bueyes. Viste traje oscuro con gola y paños blancos, calzones y borceguíes. A la cintura un rosario. Santa María de la Cabeza está representada de cuerpo entero, en pie, con la mirada hacia lo alto, adelantando la pierna derecha, en actitud de caminar. Cubre su cabeza con toca blanca y nimbo de metal. Viste túnica roja, corpiño azulado con motivos dorados y delantal plegado en tonos verdes. Calza sandalias y en la mano derecha lleva una jarra'`.En 1732 Juan Ron realiza dos esculturas de San Isidro y Santa María de la Cabeza, para el Puente de Toledo.La Real Muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid encarga a D. José de Oñate la realización de una escultura de San Isidro en el año 1751. Luis Salvador Carmona fue el encargado de realizar la escultura de Santa María de la Cabeza en 1752. Son las que desde entonces y hasta 1936 salieron en procesión en la tarde del quince de Mayo por el Madrid de los Austrias.Ventura Rodríguez fue el encargado de redecorar el retablo mayor de la iglesia del Colegio Imperial entre 1767 y 1769. Diseñóla Gloria de San Isidro en la que aparece el santo arrodillado, entre nubes, rodeado de ángeles con símbolos alusivos a la agricultura.En la fachada de la Real Iglesia de San Isidro se colocaron en 1769 las esculturas en piedra de los santos labradores, esculpi das por Juan Pascual de Mena. Del Colegio de la Paloma proceden dos tallas barrocas del siglo xvut anónimas, que propiedad del Ayuntamiento de Madrid, hoy están deposito.

El escultor madrileño Javier 1ladanca talló las esculturas de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza que actualmente están en la Capilla de la Inmaculada de la Real Colegiata de San Isidro. La escultura del patrón de Madrid (1994), está realizada en madera de abedul. Mide 1,80 metros de altura y está estofada al modo tradicional. La escultura de Santa María de la Cabeza (1995), es de madera de pino y tiene las mismas características de altura y decoración que la de San Isidro. Son las que salen en procesión por las calles de Madrid el día de la festividad del santo.

En proceso de ejecución se encuentran las esculturas en piedra de los Santos  ha sido motivo para numeos arlislas. La serie pictórica del barroco inicia con ocasión de la canonización de  Isidro en 1622. En ese mismo año Barlolonié González presenta una imagen devo~cional del santo arrodillado sosteniendo viure los brazos la aguijada. Situado en vi paraje de la ermita, deja ver tras él dos yuntas de bueyes blancos con ángeles arantio. En el horizonte, una vista del alcázar de Madrid, que se había constituido en una telerencia monumental de la capital (M. Municipal). Jusepe Leonardo represenla en 1630 el Milagro de la Fuente. Sobre un paisaje montañoso, coloca a San Isidro en el centro de la escena, con la aguijada en el brazo izquierdo. A sus pies brota un Manantial del que bebe un criado. Juan de Vargas, arrodillado ante Isidro, y tras éste el caballo del amo con un criado, en un escoryo bien ejecutado (Museo Municipal). El modelo tuvo fortuna y se hizo una copia coetánea para el Monasterio de Santa Isabel  Madrid.Entre 1646 y 1649 Alonso Cano llevó a cabo El Milagro del Pozo para el retablo mayor de la iglesia de Santa María de la Almudena, dando lugar a "uno de los cuadros más hermosos de la pintura barroca" en apreciación de Camón Aznar 169. El conjunto de figuras crea un círculo en el que el rosario destaca fuertemente como centro de la composición, en alusión a la intervención de La Virgen en la crecida de las aguas del pozo Museo del Prado. A Francisco Rizi se debe un dibujo representando el Milagro Je los bueyes. Al fondo se ve el antiguo Alcázar de Madrid (Madrid, Real Academia le Bellas Artes de San Fernando), y dos óleos sobre lienzo en 1656 para el retablo mayor de la iglesia de la Magdalena de Carabanchel, escenario de la vida del santo, actualmente ermita de Na Sa de la Antigua. Represe itan el milagro de la fuente y el paso del río Jarama por Santa María de la Cabeza. San Isidro junto a san Andrés dio lugar a un amplio  pictórico sobre la vida del santo,,ulamente hoy perdido. En 1658 I I,ml fisco Cano se obliga a pintar para la p,ll ie rinular de la capilla seis lienzos: "Los Orando, el milagro del agua, cuando las .S'e le vinieron a las manos, el niño del pozo, Santa María de la Cabeza pasó el río y  sanó a una enferma"`1. El 2 de mayo   son Francisco Ricci y Juan Carreño ,Imenes se obligan a entregar el día de San Illan de 1664 cuatro lienzos destinados a  en los nichos del cuerpo. Antonio Palomino realizó un conjunto iconográfico al fresco en 1696 sobre el patrón de la Villa. Terminadas las obras de la Casa Consistorial, el Concejo de Madrid le encargó decorar el Oratorio donde se guardaban las reliquias y una imagen de Santa María de la Cabeza. A los lados del altar coloca dos bustos de los santos labradores. En el muro de los pies del Oratorio coloca el paso del Jarama de Santa María de la Cabeza, observada por San Isidro, oculto entre la vegetación. En el lateral orientado hacia la Plaza de la Villa, la aparición de San Isidro en la Batalla de Las Navas, y frente a éste, San Isidro en oración, arrodillado junto a una iglesia con una aguijada entre los brazos y el rosario en las manos. Al fondo, los ángeles arando. En la bóveda del Oratorio, un fresco con una alegoría de la Villa de Madrid y sus santos naturales. Bajo el manto de María, el escudo del reino de Castilla y bajo éste, el de la Villa de Madrid. A sus pies, los santos madrileños: San Dámaso Papa, la Beata Mariana de Jesús, y San Isidro junto a Santa María de la Cabeza, seguidos por dos ángeles que llevan los atributos de la santa. Antonio Palomino también pintó los frescos de San Isidro para la iglesia de San Juan de Mercado de Valencia entre 1696 y 1700.De la segunda mitad del siglo xvii esuna pareja de óleos de los santos labradores en el Convento de las Descalzas reales. En uno, San Isidro aparece de perfil en actitud de alimentar a un grupo de aves con la simiente que lleva almacenada en un saco. En el otro, Santa María de la Cabeza, representada de cuerpo entero con traje rojo y velo, apoyada en un manto que la transporta por un río. Lleva una brasa encendida y un cántaro ".Anónimos del siglo xvrl son dos cuadros que representan el milagro del pozo, ambos en el Museo Municipal. Otro en el mismo lugar, inspirado aunque con peor técnica, en el Milagro del Pozo de Alonso Cano, en el que cambia los niños jugando con el agua que rebosa, por un perrillo; San Isidro en oración ante la Virgen de Atocha (Museo Municipal; San Isidro hace brctar la fuente milagrosa (Hospital de la V.O.J., Madrid); y otros conservados en la Real academia de Bellas Artes de San Fernando; las Salesas Nuevas; Pinto, iglesia parroquial; Toledo, Museo de Santa Cruz (Bocanegra?); Valencia, Museo de Bellas Artes; y Madrid, colección del Conde de Mayalde, en este caso con los santos labradores. De esta época es el dibujo San Isidro en Oración del Museo del Prado.Fernando VI, devoto del santo madrileño, encarga a Corrado Giaquinto en 1752 la realización de dos bocetos para los frescos de las pechinas de la Capilla del Palacio Real de Madrid. Los bocetos, conservados en la Casa del Príncipe de El Escorial, representan a San Isidro sentado entre nubes, con la mirada hacia el cielo, y una mano en el pecho, rodeado de ángeles; dos de ellos llevan un arado y una hoz. Santa María de la Cabeza aparece arrodillada sobre una nube con ángeles a su alrededor. Estos bocetos se llevaron al fresco por Corrado Giaquinto, con la misma disposición, entre 1759 y 1760, en la Capilla del Palacio Real de Madrid. Desde entonces los Santos Labradores han estado presentes de forma permanente en el edificio que simboliza el poder de la Monarquía Hispánica.

Ramón Bayeu pintó a los Santos Labradores en 1775 en un lienzo conservado en el Museo Romántico de Madrid, y Zacarías González Velázquez en 1786 los frescos que hoy decoran la Capilla de la Casa de San Isidro, en los que el Santo Labrador aparece sobre un cúmulo de nubes, rodeado de ángeles que portan el arado y la aguijada. Las Descalzas Reales conservan entre sus muros tres pinturas anónimas del siglo xvur representando a los Santos Labradores. Una pareja de óleos sobre cristal: San Isidro en medio del campo en actitud suplicante y en otro, Santa María de la Cabeza en el campo con una ermita próxima a la derecha, portando un jarro cerámico y antorcha. Por último, también en las Descalzas, el lienzo anónimo, representando a San Isidro en Oración ante la Virgen de Atocha .Del siglo xrx merecen destacárse una composición ovalada que representa a San Isidro, debido a Eduardo Rosales (Colección Casa-Torres) y un dibujo de Leonardo Representa atuendo medieval y aguijada en la izquierda, y la mano derecha dando ele comer a una paloma. Gerardo Mullé dlbuj,i una acuarela en la que aparece San Isidro "sobre una saya de color verdoso de manga largas y ajustadas, viste capote loba o colubio de Duros rosáceos, el que, recogido sobre los hombt,os, desciende por el pecho y espalda hasta  las rodillas, estando a él sujeta la caperuza que cubre la cabeza, calzando sus pies las obarcas, tan comunes a la gente labradora de castilla Del siglo xx el conjunto pictórico más destacado sobre los santos esposos labradores, son los frescos de Ramón Stolz Viciano, que fueron encargados por el instituto Nacional de Colonización para la Capilla de San Isidro en el Real Cortijo de San Isidro, en las proximidades de Aranjuez.Se compone de tres pinturas de grandes dlinensiones. El frontal (alto: 4,60 m; ancho: 4,50 m) que sirve de altar, represen ta un milagro de San Isidro en relación con ¡ti agricultura: "Un año la cosecha fue casi nula, pero Isidro ofreció el trigo que habían cosechado a Dios y recogieron tanto trigo los campesinos que fue una de las cosechas más recordadas por las partes del lugar; del grano que bieldaban salía, por bueno, la simiente del año próximo. En el rompimiento de gloria sobre una nube, el Santo lleva en sus manos un manojo de espigas, y a sus pies, ámeles que portan el arado y la aguijada. Er el vértice inferior izquierdo se ve una pareja de campesinos pidiendo el milagro, y en el inferior derecho otra pareja de campesinos con un caballo, dando gracias por el milagro obrado."Imán del cielo, su vida floreció en milagros", representa los bueyes que aran, el caballo resucitado, la fuente milagrosa, y la multitud que acude a sanar su cuerpo y su alma 1". En una brillante composición arquitectónica, San Isidro arrodillado sobre una roca, da gracias a Dios por los milagros, bajo él, una multitud recoge el agua del manantial del Santo.La composición de la derecha (Alto: 4,50 m; ancho: 4,25 m) fue concebida por el pintor bajo el lema: "Puso en amar a sus hermanos, escuela de caridad". San Isidro da

Cecilio Pla y Gallardo es el autor I, Milagro de los ángeles, óleo  en el Museo Municipal de Madrid. C. Viv pinta San Isidro en oración en 1948 Congregación de Naturales.Una actualización iconográfica es la del lienzo de Félix Revelló de Toro en San Isidro un santo de hoy, que presenta al santo como campesino contemporáneo, de pie, mirando al cielo, con boina recogida en la mano derecha, y azada en la izquierda (Madrid, Banco de Crédito Agrícola).

GRABADOS

La Canonización de San Isidro en 1622 coincide con un momento de esplendor en la elaboración y difusión del grabado, que hasta entonces se había realizado poco en España por la facilidad de efectuarlo en Amberes, ciudad que pertenecía a la Monarquía Hispánica 1'R. El grabado contribuye a la popularización de la imagen del Santo. Los primeros grabados se encargan para realizar portadas de impresos y libros. Así, en 1599 EL Isidro de Lope de Vega, y en 1620 la publicación de la Justa Poética a estos grabados realizados  de metal a partir de dibujos , coexiste la xilografía, o grabado  madera, destinado para un público quenos exigente. Ente ellos se encuentran el 'd¡cado a San Isidro firmado por Pedro Alradal (1630-1686) (Museo Municipal).

Del siglo xv11c conocemos el grabado de San Isidro que lleva la edición castellana de 10 Bula de Canonización (1751), y de 1752 el grabado de F. Matías de Irala qa Santa María de la Cabeza cruzando  Jarama sobre su mantilla. Al fondo San Isidro, acompañado de un demonio, y en el vértice superior derecho el escudo de la Coronada Villa de Madrid, portado por ángeles con atributos de labranza. Al Pie: "Verdadero retrato de la milagrosa imagen de Santa María de la Cabeza, gloriosa esposa de San Isidro, patrón de Madrid, que se venera en el oratorio de sus Casas Consistoriales". De este grabado hizo una variante Faldoni, en un grabado dedicado a la reina Ma Bárbara de Portugal (Biblioteca Nacional).

La Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid, dio lugar en el siglo xvlti a dos grabados inéditos, que publicamos ahora por primera vez. Un anónimo que representa el milagro de la fuente, a cuyo fondo se ve Madrid (Libro I de Acuerdos, 1751) y otro con la imagen del santo, firmado por "Jvlien" (Libro 11 de Acuerdos, 1763).

Un grabado importante es el realizado por J. B. Palomino en 1753 sobre dibujo de Antonio González Ruiz, que representa las esculturas de San Dámaso, San Isidro y Santa María de la Cabeza, de la Congregación de Naturales. Al pie: "A la S. M. del Sr. D. Fernando VI ofrece esia estampa de los gloriosos Santos San Dámaso, San Isidro y Santa María de la Cabeza  de Naturales Seglares de esta Corte .Hermenegildo Vicior Ugarte en 1768 un grabado de Naturales con las imágenes de los Snntos Labradores.

Otras biografías importantes:

Jaime UCEDA, Vida y milagros del glorioso S. Isidro el Labrador, 2 libros, Madrid 1622.

Jeróninio de QUINTANA, A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid.

antigüedad, nobleza y grandeza, Madrid 1629.

Gregorio de ARGAIZ. La soledad  y el campo laureados por el solitario de Roma,

Madrid, San Benito y San Isidro, Madrid 1671.

Nicolas josé DE IA CRUZ, Vida de San Isidro Labrador Patrón de Madrid, adjunta,

Esposa Santa Maria de la Cabeza, Madrid 1790. Reimpresa en 1968. Citarcirios edición.

Los BANDOS, Acta sanclorum, mayo, t. 3, 509-546, París-Roma 1866.

5. LOPE DE VEGA. Además de otros trabajos sobre San Isidro. El Poema se titula: El Isidro, Madrid 1599. La primera por título: San Isidro, Labrador Madrid 1617. Las otras se publicaron en Madrid en 1622, con estos títulos: La niñez San Isidro.

6.         N.J. DE LA CRUZ, 0. c., 32-37.

7.         N.J. DE LA CRITZ, 0. c., 37-45j. BLEDA, 0. C., Lib. 11, 189-200.

8.         M. FERNÁNDEZ GARCíA, Devoción a San Isidro en la región y

            San Isidro Labrador, Patrono de la Villa y Corte, Madrid 1983, 175-187.

9.         A. MOMITET MIGUIEZ y M3 V. CHICO PICAZA, 10. N.J. DE I.A CRUZ, 0. c., 58-61.

11. J. BEDA, 0. c., Lib. 1, 214; N. J. DE LA CRUZ, 0. c., 6 1 -63.

12. Alonso Cano y el Milagro del Pozo, en San Isidro trono de la Villa y Corte, Madrid 1983, 255-258.