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LOS
PROCESOS DE BEATIFICACIÓN Y
CANONIZACION
POPULAR EN LA
Fue el pueblo de
Madrid quien canonizó por aclamación popular a San Isidro en 1212, momento en
el que se descubre su glorioso cuerpo incorrupto. Alfonso VIII declara que fue
San Isidro quien se apareció en la Batalla de Las Navas, y Madrid declara a San
Isidro -en 1212- patrón de la Villa.
En el tercer
cuarto del siglo xiii aparece representado Isidro en los milagros por él
realizados con aureola de santidad en las pinturas del arca que contuvo su
cuerpo. Fernando 111 coloca una estatua de Isidro en la catedral de Toledo, como
Tastor de las Navas', y el retablo gótico de la iglesia de San Andrés, hoy
desaparecido, contiene una pintura que representa el milagro de los bueyes. Es
incesante el número de personas que acuden a visitar su sepulcro, desde reyes a
campesinos, obrándose por su intercesión numerosos milagros. La Villa de
Madrid saca en procesión su cuerpo incorrupto para implorar la lluvia. En el
siglo xvi una capilla lleva su nombre -la conocida hoy como Capilla del Obispo-
y una ermita, junto al río Manzanares. San Isidro fue santo por canonización
popular, que era el procedimiento habitual en la Edad Media. La voz del pueblo
era la voz de Dios.
Sin embargo, en
el siglo xvi surgen los primeros problemas por parte de la autoridad eclesiástica,
que no considera oportuna la veneración a un santo que no ha sido canonizado
por el sucesor de Pedro. El 19 de julio de 1567 visita la Iglesia de San Andrés
D. Diego Gómez Tello Girón, gobernador y administrador general del arzobispado
de Toledo, Visita en la que se señala hacerse estando el templo cerrado, por no
estar Isidro canonizado. En la Visita de 5 de junio de 1570, el doctor Gencor
ordena al cura y beneficiado de esta iglesia, bajo pena de excomunión, no sacar
el cuerpo de Isidro del arca, por igual motivo.
El mundo había
cambiado considerablemente durante el siglo xvi, en especial desde la celebración
del Concilio de Trento, a partir del cual, en el asunto de las declaraciones de
santidad, se concede exclusividad a la Santa Sede, para evitar abusos y las críticas
realizadas por la reforma luterana.
Por otra parte,
Madrid, desde 1561 además de Villa, era la sede de la Monarquía de un vasto
imperio que se había dilatado hasta extremos inimaginables cien años antes. La
cuestión de San Isidro se convertía en un caso que afectaba a la diócesis de
Toledo, a la Villa y a la Corte.
COMIENZAN LOS
PROCESOS
El primer paso
para iniciar la canonización de San Isidro lo dio el arzobispo de Toledo,
Cardenal Quiroga, quien comisiona en 1584 al doctor Segura Santos, para hacer
visita al santo. Es expuesto el cuerpo durante nueve días. Unos años más
tarde, el 25 de marzo de 1593, escribe Felipe 11 al Duque de Sesa, embajador en
Roma, para que se interese por el proceso ante Clemente VIII. El Concejo de la
Villa, reunido en sesión el 6 de abril del mismo año nombró a Fernando Menéndez
de ocampo, a Diego Salas
Barbadillo y a
Fray Domingo de Mendoza, procuradores de causa. El Cabildo de curas y
beneficiados de Madrid escribe a Clemente VIII el 15 de marzo de 1596
solicitando la canonización del patrón de Madrid.
Se inicia de este
modo un complejo proceso que llevó a realizar declaraciones a cientos de
madrileños contemporáneos de Felipe 11 y 111, sobre el culto dado a San isidro
en la Villa y otros lugares, que dieron lugar a los trece tomos del Proceso de
Beatificación y Canonización de San Isidro custodiado por el Arzobispado de
Madrid.
Recibida la orden
de Roma de iniciar el proceso, mandó el arzobispo de Toledo D. Gaspar de
Quiroga al vicario de Madrid, D. Juan Bautista Neroni recoger datos sobre la
vida, virtudes y milagros de Isidro, empleando para ello tres años.
El Nuncio de Su
Santidad en España, D. Camilo Cayetano, comisionó a Fray Domingo de Mendoza
para que hiciera lo mismo, el 23 de agosto de 1597. El arzobispo de Toledo,
Archiduque Alberto, encargó un nuevo proceso -el tercero- a D. Domingo de
Mendicta, canónigo de Osma y Vicario General de Madrid.
La muerte de
Felipe II, defensor de la causa, el 13 de septiembre de 1598 hace que se
estanque el proceso, sin que se reactivase por las cartas enviadas el 27 de
marzo de 1599 por el clero de Madrid al Papa Clemente VIII, al Colegio de
Cardenales, y otros. Muerto en 1605 Clemente VIII, y tras el efímero
pontificado de su sucesor León XI -27 días-, fue elegido Paulo V.
En 1611,
expulsados los moriscos de la península por Felipe 111, el rey vuelve a
interesarse ante el Sumo Pontífice por el proceso de San Isidro, por medio de
su embajador en Roma D. Francisco de Castro. Paulo V, teniendo en cuenta el
informe
favorable de tres
Auditores de la Sagrada Rota, designados a este fin, dio principio al proceso
Apostólico, nombrando jueces bajo su superior autoridad para la realización de
nuevos procesillos, a D. Bernardino de Rojas y Sandoval, Cardenal Arzobispo de
Toledo, al P. Francisco de Sosa, de los nienores observantes, y a D. Juan de
Hoces, Canónigo tesorero de la Iglesia de Cartagena.
Dicho tribunal
hizo dos procesos: uno Compulsorial, en el que incluyeron los tres primeros
procesos preparatorios de carácter informativo, junto con otra documentación,
y otro Remisorial, con las declaraciones de doscientos sesenta y cinco testigos.
Fueron enviados a Roma junto con una copia del llamado Códice de Juan Diácono`,.
El proceso
original se encuentra en el Archivo Vaticano. El Arzobispado de Madrid posee una
fotocopia integra de los numerosos tomos del proceso -en latín-, que hemos
visto. La primera sesión tuvo lugar el 4 de febrero de 1612.
El proceso en la
Ciudad Eterna iba lento. El Cabildo de Madrid escribe a Paulo V el 14 de
septiembre de 1615 suplicando la canonización de San isidro, y por primera vez,
de su santa esposa, María de la Cabeza. El Concejo de Madrid se impacienta y
decide enviar a Roma a D. Diego Barrionuevo, Caballero del hábito de Santiago,
y Regidor perpetuo de la Villa, quien por haber sanado de gota por intercesión
del santo, tenía gran interés en verle canonizado.
Por fin el 14 de
junio de 1619 Paulo V firma el Decreto Apostólico declarando Beato o
Bienaventurado a Isidro, que tanscribimos en el apéndice documental. Concede
que se le pueda llamar Beato, establece su fiesta el día 15 de Mayo y confirma
el patronazgo de Isidro sobre la Villa de Madrid. Autoriza se pueda celebrar
oficio y Misa en los territorios de la Monarquía Hispánica: España, Portugal,
y las Indias Orientales y Occidentales. En Madrid, puede celebrarse misa con
rito doble y octava. El documento pontificio fue traducido al castellano por Tomás
Gracián Dantisco el 29 de septiembre del mismo año, e impreso en 1619.
FIESTAS DE
BEATIFICACION EN
El júbilo en la
Villa de Madrid fue grande, pero estando Felipe 111 en Lisboa, se consideró
oportuno aplazar la celebración hasta el regreso del monarca, estableciendo con
buen criterio la fecha del 15 de mayo de 1620 para celebrar la fiesta de su
beatificación.
Extractamos lo
referido por el padre Ponce en un texto manuscrito de la Biblioteca Nacional`.
Las fiestas
comenzaron el viernes 15 de mayo de 1620. A las diez de la mañana acudió
Felipe 111 a la iglesia de San Andrés, acompañado del Nuncio de Su Santidad,
los Grandes, embajadores, y las guardias española, tudesca y los arqueros. La
misa de pontifical fue oficiada por el Arzobispo de Burgos, Presidente de
Castilla. La iglesia estaba adornada con tapicerías del Real Palacio.
preparado con
arcos triunfales, de la forma que se celebraban los grandes acontecimientos
relacionados con la monarquía. Se construyeron tres arcos: el primero, en la
plaza de la Cebada, el segundo en la calle de Toledo y el tercero en la plazuela
del Salvador. En ellos figura San Isidro con la aguijada en una mano, Santa María
de la Cabeza cruzando el Jarama sobre su mantilla, milagros del santo, el escudo
de la Villa, espigas, etc. Las órdenes religiosas hicieron sus correspondientes
altares en la vía pública: los franciscanos, en la plazuela de la Cebada, los
jesuitas en la puerta de sus Estudios, los mercedarios en la calle de Toledo,
los dominicos en la Plaza Mayor, etc.
A las tres de la
tarde comenzó la procesión a la que acudieron los pendones y cofradías de los
lugares de un entorno de cinco leguas de Madrid, las parroquias y cofradías de
la Villa, y órdenes religiosas. Seguían la Cofradía del santo, y sacerdotes
precediendo el cuerpo de San Isidro en el arca de plata, para la que se hizo un
carro llevado por gente por debajo, con un artificio para que con facilidad se
moviese a todas partes y el arca estuviera a nivel, aunque fuese el carro cuesta
arriba o cuesta abajo. Fue construido por Francisco Daza, maestro de coches, a
expensas de la villa, por el que pagó trescientos cincuenta ducados`. La
procesión tardó en salir tres horas.
Acompañaron a la
procesión todos los Consejos y sus presidentes, y la villa, hasta donde su
majestad aguardó, y llegando allí el santo bajó de la ventana donde estaba,
acompañó su majestad a San Isidro hasta la iglesia, donde se recogió a las
diez de la noche. El autor del manuscrito, que estuvo presente, escribe que fue
la fiesta "de mayor solemnidad que se ha visto en Madrid jarnás'.
La fiesta continuó
los días siguientes, correspondientes a la octava del santo. En todos ellos
estuvo San Isidro en la urna de plata en un altar que se hizo en medio de la
capilla mayor, celebrando cada día una misa cantada y vísperas, con gran música,
acudiendo gran cantidad de personas. Simultáneamente se llevaron a cabo una
serie de actos: El martes se hizo una máscara Vel triunfo de la verdad",
dedicada a San Isidro, con carros representando a Apolo, dios de la música y de
la poesía, Diana, Neptuno, Ceres, Vulcano, Venus, Baco, en un carro movido por
dos camellos verdaderos, el dios Pan, el carro del tiempo con las cuatro
estaciones, y Júpiter, como representantes de los falsos dioses de la antigüedad.
Cierra el ciclo de demonios y pecados el Islam, representado por la figura
vestida de un turco. En contrapartida de lo anterior, viene la figura de La
Verdad, con el lema: "Todos los dioses de los gentiles son demonios".
Concluye el desfile la figura de Madrid. Va en un carro formado de madroños y
tirado por osos simulados. En la testera del carro lleva inscrito:
"Seguimos la verdad y triunfamos del infierno'. La figura de Madrid lleva a
un lado la de San Isidro y al otro la de San Dámaso, sus hijos. Acompañan a
caballo, en representación de las naciones que componen la monarquía, con sus
correspondientes trajes: dos castellanos viejos, dos castellanos nuevos, dos
portugueses, dos flamencos, dos indios y dos negros". Comenzó en el Prado
de San Jerónimo para llegar a Palacio donde lo vio el Rey.
El jueves se
construyó en la Plaza Mayor un castillo que llamaron de la perfección, ideado
por Mira de Amescua, paraAl espectáculo asistió el Rey. Se sentaron milagros
del santo, quien aparc,-1~ arando la tierra con bueyes, salieron 'ángeles a
ayudarle, Juan de Vargas a ca"p llo, representaron el milagro de la fuen-,
etc. Para concluir con fuegos artificialecon tal profusión, que uno cayó
dentro Jumismo castillo, quemándose todo el aparnto, estando a punto de
incendiarse la PlaZI: Mayor. El fuego duró hasta las dos de madrugada.
El último día
de la octava se Certamen Poético en alabanza del santo, en el que tuvo un
destacado papel Lope tic Vega, y que veremos en el capítulo dedicado a
literatura. El certamen tuvo lugar en la iglesia de San Andrés, en un tablado
contruido en el centro de la nave.
CANONIZACIóN
DE SAN ISIDRO
El proceso de
canonización continuó en Roma, para lo cual la villa de Madrid mantuvo a
Barriontievo en la Ciudad Eterna, girándole nuevas cantidades. Matilla Tascón
calcula en 6.394.676 maravedís la cantidad gastada en Roma por la Villa de
Madrid para canonizar a San Isidro.
Siendo Felipe IV
rey de España y Gregorio XV el sucesor de Pedro, este último ordena a la
Congregación de ritos reanudar la causa, que estudiada de nuevo por los
auditores de la Rota, juzga la Congregación que Su Santidad está asistido de sólidas
razones para firmar el decreto de Canonización. Se celebran tres consistorios:
el primero, el 19 de enero de 1622, examinando los milagros obrados. La
Biblioteca Nacional conserva, procedente de la Biblioteca Real, un Códice
manuscrito que contiene el relato de los tres atiditores de la Rota" en el
que analizan las virtudes de Isidro: la santidad de su vida familiar, la
excelencia de su fe, su firmísima esperanza, su inmensa caridad con Dios y con
el prójimo, su prudencia, justicia, fortaleza y templanza, al tiempo que
aprueban los milagros obrados: tres en vida: los bueyes arando, el milagro de la
fuente y la caridad con los pobres, y tres después de su muerte: la incorrupción
de su cuerpo y curaciones realizadas acudiendo a su sepulcro o bebiendo agua de
su fuente.
El segundo
consistorio se celebró el 27 de enero, y el tercero el 14 de febrero. El Romano
Pontífice otorga el Decreto, de cuya redacción se encargó el procurador
fiscal Venturelli, designándose el día 12 de marzo, festividad de San
Gregorio, para celebrar la solemne canonización de San Isidro junto con los
españoles Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Teresa de Jesús,
así como el
italiario Felipe Neri. Se imprimió en Madrid una relación de las fiestas
celebradas en Roma con tal motivo`. El sábado 12 entró en la Basílica de San
Pedro, Gregorio XV vestido de pontifical y a hombros de hombres, y delante de él
iba una solemne procesión con los guiones de los santos, comenzando por San
Isidro, por su antigüedad. Seguían obispos, arzobispos y cardenales, cuyo número
pasaba de cincuenta. Se celebró la canonización con el ritual de costumbre.
El domingo 13 de
marzo salió la procesión general de San Pedro, en la que iban los estandartes
de los nuevos santos. El de San Isidro se dejó en la iglesia de Santiago, de
los españoles. Los cuatro días siguientes se hizo la fiesta de cada santo por
el mismo orden, celebrándose la de San Isidro el lunes 14 de marzo, en la
iglesia de Santiago.
Tan pronto se
tuvo noticia en Madrid, el Concejo ordenó se hiciese una procesión de acción
de gracias y se iluminase la villa las noches del 7, 8 y 9 de abril. Lucieron
luminarias en las plazas de Palacio, Descalzas, Encarnación, y en las iglesias
de San Andrés, San Salvador y Santa María. Además se pusieron 519 linternas
en las torres de las iglesias de la villa .
En el mes de
junio de 1622 se celebraron en Madrid las fiestas de la canonización de los
cinco santos, publicándose una relación de las mismas 17 . El domingo 19 se
realiz0 la procesión general de los cinco santos con salida de la iglesia de
San Andrés. Acudieron 156 pendones de la Villa y aldeas circunvecinas, 78
cruces parroquiales, 9 órdenes religiosas y los miembros de los Consejos que
precedían al arca de plata portada sobre un carro con ruedas ocultas, al que
siguieron desde la Plaza Mayor Felipe IV acompañado de Grandes, títulos y señores.
Para mayor
solemnidad de la procesión se realizó el siguiente decorado: se levantaron
ocho pirámides, dos en la plazuela de San Salvador, dos en la puerta de
Guadalajara, dos en la calle de Toledo y dos en la plazuela de la Cebada. El
diseño fue obra de
Juan Gómez de
Mora. Se levantaron nueve altares a lo largo del itinerario. La plaza de la
Cebada se transformó en una huerta y jardín, y se volvieron a poner luminarias
como en la fiesta de abril.
Los días
siguientes se hicieron carros alegóricos de la tierra, el agua, el aire y el
fuego, así como el de San Isidro, llamado Tastillo de la Fama': sobre carro
triunfal con cuatro ruedas, tirado por bueyes, un castillo que llevaba en la
parte delantera la figura de San Isidro, en la posterior las armas reales y en
los laterales los escudos de la Villa. A los lados cuatro hombres con figura de
ángeles, y en lo alto, la fama vestida de blanco tocando una trompeta.
Se representaron
comedias -dos de ellas de Lope de Vega-, se hicieron juegos de cañas, toro
encohetado, etc. Los días 18 y 19 salieron los gigantes que tenía la Villa,
danzas, y actuaciones de la banda de trompetas y atabales de la Guardia de su
Majestad, así como fuegos artificiales. El Concejo de Madrid autorizó el gasto
de 20.000 ducados para estas fiestas. Acabaron las celebraciones con un certamen
poético celebrado en el segundo patio de Palacio, del que fue secretario Lope
de Vega.
Por extraño que
parezca, la Bula de Canonización de San Isidro no fue emitida por la Sede Apostólica
hasta el pontificado de Beriedicto XIII, el 4 de junio de 1724. El documento
comienza con las palabras "Rationi Congruit " y justifica el retraso
en la emisión, por la muerte de Gregorio XV al poco tiempo de la canonización.
En su extenso texto, que transcribimos en el apéndice documental, resume la
vida, virtudes y milagros del santo. El documento fue impreso en Roma por la
imprenta de la Cámara Apostólica en 172611, y traducido al castellano por
Francisco Gracián el 22 de noviembre del mismo año. Se imprimió en Madrid en
1751 .
Gregorio XV
concedió igualmente un año y cuarenta días de indulgencia a los que visitaran
el cuerpo del santo el día de su fiesta, y cuarenta días si lo hicieran
durante su octava. Urbano VIII concedió el 27 de marzo de 1625 Misa y oficio
propios de San Isidro.
San Isidro es fiesta de precepto en Madrid
desde 1621 y Benedicto VIII concedió que esta festividad fuera de precepto en
todos los reinos de la Monarquía, como recuerda Felipe V en carta autógrafa al
General de la Orden de la Merced el 6 de abril de 1727 111.
Más
recientemente, a instancias de Pío XII, la Sagrada Congregación de Ritos, por
Decreto de 22 de febrero de 1947 declaraba a San Isidro patrón de la
Conferencia Nacional de la vida rural de los Estados Unidos de América, señalando
el día de su fiesta en las diócesis norteamericanas el 22 de marzo .
EL CULTO INMEMORIAL DE
Al igual que San
Isidro, Santa María de la Cabeza fue canonizada por el pueblo en el año 1212.
Sixto IV concedió a los que visitaran el sepulcro de Santa María de la Cabeza
en Torrelaguna, indulgencia por Bula de 20 de enero de 1472. Alejandro VI
(1492-1503) invita a la pública veneración de la santa, y el Cardenal Cisneros
(14951517), que había nacido en Torrelaguna, promueve el culto de su paisana y
confirma la cofradía establecida bajo su invocación en su lugar natal.
El nuevo modo de
canonización de la Edad Moderna afectó para el culto de la esposa de San
Isidro. Tras varias disposiciones pontificias por las que se reserva el derecho
en exclusiva al sucesor de Pedro para la inclusión en el Catálogo de los
Santos, Urbano VIII (1623-1644) publica los Decretos de 13 de marzo y de 2 de
octubre de 1625 por los que en adelante, queda prohibido el culto y la veneración
de los siervos de Dios no beatificados o canonizados por la Santa Sede, con tina
excepción: aquellos que reciban culto desde tiempo inmemorial.
El proceso de
Beatificación y Canonización de Santa María de la Cabeza se había iniciado
en el año 1612. El 12 de abril se firma el Edicto de convocatoria de testigos,
que da lugar a interrogatorios en Madrid, del 7 al 21 de junio de 1615, en los
Carabancheles -de Arriba y de Abajo-, Torrela
Clemente XIII
concede el 14 de septiembre de 1739 por Bula "Ad augendam fidelium
refigionem " gracias especiales a los que visitaran la ermita dedicada a
Santa María de la Cabeza en Madrid, junto al río Manzanares.
Benedicto XIV
concede a instancias del Cardenal -Infante D. Luis de Borbón, el 15 de abril de
1752, misa con e¡ rito de doble menor de Santa María de la Cabeza, para la
ciudad y diócesis de Toledo. La Villa de Madrid celebró la concesión
pontificia con una misa el 9 de septiembre, en la Iglesia de Santa María de la
Almudena, oficiada por e¡ arzobispo de Toledo, y con festejos populares como
fuegos artificiales. El 8 de octubre tuvo lugar una procesión con las imágenes
de San Isidro, Santa María de la Cabeza y Nuestra Señora de la Almudena, a la
que asistieron el rey Fernando VI y su esposa.
El 15 de abril de
1771 la Santa Sede dejó a criterio del arzobispo de Toledo la fecba de la
celebración de la fiesta de Santa María de la Cabeza, estableciéndose el día
9 de septiembre por ser el día siguiente al de su muerte, según la tradición,
fecha en la que actualmente se continúa celebrando, y que algunos años, por
ser domingo alguna de las fiestas locales: San Isidro o La Almudena, se declara
día festivo, y que por este motivo, en frase de Isabel Gea Ortigas se haya
convertido Santa María de la Cabeza en patrona "suplente" de Madrid
".



TRANSCRIPCION DE DOCUMENTOS
PONTIFICIOS
DECRETO
PONTIFICIO DECLARANDO
POR
BEATO A SAN ISIDRO. 1619
PARA
PERPETUA MEMORIA.
|
C |
onstituidos
por el Señor en la Silla del Príncipe de los Apóstoles, aunque con indignos
buena
gana, condescendemos y proseguimos con oportunos favores las suplicaciones
piadosas Jeles, en las cuales el Señor de las virtudes es honorificado en sus
siervos.
Así,
que por parte del carísimo en Cristo hijo nuestro, Felipe, Rey Católico de las
Españas,
amados
hijos, clero y pueblo de la Villa de Madrid, de la diócesis de Toledo, nos fue
poco ha proruque el siervo de Dios ISIDRo Labrador y Patrón de la dicha Villa,
fue ilustrado del Señor congrandes dones de virtudes, gracias y milagros, por
lo cual el Rey Felipe, y el clero, y pueblo
humildemente
nos hicieron suplicar, que hasta que de la Apostólica Sede alcancen la honra de
Por
tanto, nos, tratando primeramente del negocio por los venerables hermanos
nuestros les de la Santa Iglesia Romana, diputados para los sagrados ritos, a
los cuales mandamos " J-.Consejo de los dichos Cardenales, habiéndonos
inclinado a las tales suplicaciones, por la tólica, y tenor de las presentes,
perpetuamente concedemos y hacemos gracia que el dicho ISIDRo pueda llamarse
Beato, y que de él, como de Beatificado, a quince días del mes de Mayo (en
el celebrará la fiesta de su traslación) se pueda rezar oficio y celebrar Misa
respectivamente en los España, Portugal, y de los Algarves, y de las Indias, así
Orientales, como Occidentales, y en la 1Madrid sobredicha, tan solamente con
rito doble, y con octava como de Patrón, según las rúbrica el vicario y Misal
Romano del común de Confesores no Pontífices, y que pueda ponerse libre y
el
Martirologio cuando se imprimere de nuevo, por la autoridad de la Sede Apostólica:
no
constituciones
y ordenanzas Apostólicas, y cualesquiere contrarios.
Dado
en Roma en Santa María la Mayor, debajo del anillo del Pescador, a catorce díasde
mil seiscientos diecinueve, el año quince de nuestro Pontificado. S. Cardenal
de Santa [rúbrica].
Lugar
del anillo del Pescador.
Traducido
del Latín en Castellano, por mí, Tomás Gracián Dantisco.

CONFIRMACIóN
DEL DECRETO PROVEíDO POR
LA
SAGRADA CONGREGACIóN DE RITOS,
SOBRE
LA APROBACIóN DE LAS SENTENCIAS
DE
"LOS JUECES DELEGADOS POR LA DICHA
CONGREGACIóN,
POR LOS CUALES SE HABíA
DECLARADO
CONSTAR DEL CULTO
INMEMORABLE
EXHIBIDO A LA SIERVA DE
DIOS
MARíA, VULGARMENTE LLAMADA DIE LA
CABEZA,
MUJER DE SAN ISIDRO LABRADOR, Y
DEL
CASO EXCEPTUADO POR LOS DECRETOS
DE
LA FELIZ RECORDA CIóN DE URBANO
PAPA
OCTAVO.
INOCENCIO
PAPA XII
Procurando con todo
ahínco, cumplir debidamente, mediante el auxilio del favor Soberano, con el
Oficio del cargo Apostólico, que la grandeza de la inescrutable sabiduría y
clemencia de Dios, ha sido servido fiar a nuestras humildes fuerzas, de buena
gana promovemos en la tierra el culto y a veneración de las bienaventuradas
Siervas de Cristo, que gozan con Él de su celestial reino, por cuanto en ellas,
como en vasijas más indelebles, con mayor admiración y lustre se ha reconocido
el poder del Brazo Soberano, conforme requieren los votos, no tan solamente de
las personas conspicuas en virtud, sin también condecoradas con el resplandor
de la Soberanía Real.
Siendo
pues así, que poco ha: a saber, a tres del corriente mes de agosto, en la Causa
Toledana de la Beatificación y Canonización de la Sierva de Dios María,
vulgarmente llamada de la Cabeza, mujer (mientras vivió) de San Isidro
Labrador, por los encarecidos ruegos del amado en Cristo hijo nuestro Carlos
[III, Rey Católico de las Españas, y de su mujer, la amada en Cristo hija
nuestra Mariana, Reina Católica también de las Españas, conviniendo también
en ello las súplicas de los venerables hermanos nuestros Arzobispos, y Obispos,
y de los amados hijos, Senados y Magistrados de muchas ciudades de los reinos de
España, y especialmente del Senado Magistrado de la Villa de Madrid, Diócesis
de Toledo, y por las repetidas y humildes instancias del amado hijo Alonso de
Torralba, Agente de Negocios del dicho Rey Carlos en la Curia Romana, el cual
pide la dicha Beatificación o Canonización, habiéndose vuelto a proponer en
la Congregación de los venerables hermanos nuestros Cardenales de la Santa
Romana Iglesia, Prepósitos a los Sagrados Ritos, por el amado hijo nuestro Juan
Francisco, Cardenal de la dicha Santa Romana Iglesia, llamado Albano, la duda,
con su resolución empero, que antes: a saber, a trece de julio próximo pasado
se había propuesto por el mismo Juan Francisco Cardenal: a saber, si se habían
de confirmar las sentencias proveidas por los Jueces Delegados de la dicha
Congregación de Cardenales, sobre el Culto exhibido de tiempo inmemorable a la
dicha Sierva de Dios, María y del caso exceptuado de los Decretos de la feliz
recordación de Urbano Papa Octavo, nuestro predecesor, en el caso y para el
efecto que se trata.
Y habiéndose
relatado todo lo contenido en los Procesos hechos sobre ello, y habiéndose
seria y diligentemente mirado y examinado todo lo arriba dicho, la dicha
Congregación, habiendo también primeramente oído, asípor escritos, como
vocalmente al Venerable hermano Próspero, Arzobispo Mirense, Promotor de la Fe,
juzgó que constaba de dicho Culto inmemorable, y que se debían confirmar las
referidas Sentencias.
POR TANTo, Nos,
deseando dar favorable ascenso a los piadosos y devotos ruegos de los dichos
Carlos Rey, y de la Reina Mariana, que sobre esto humildemente nos han hecho,
por autoridad Apostólica, y tenor de las presentes, confirmamos y aprobamos,
por cuanto podemos, en el Señor, el decreto proveído, según se ha dicho, por
la referida Congregación de los Cardenales: a saber, que consta del Culto
inmemorable de la dicha Sierva de Dios María de la Cabeza, y del caso
exceptuado de los Decretos del referido Urbano Octavo, nuestro predecesor, añadiéndole
la fuerza de la inviolable firmeza Apostólica: salva empero siempre, en lo que
dicho es, la autoridad de la referida Congregación de Cardenales, Decretando
que estas presentes Letras sean y hayan de ser siempre firmes, valederas y
eficaces, y que surtan y tengan sus plenarios efectos, y que plenisimamente
sufraguen a los que toca, y en adelante tocare, y que por ellos respectivamente
se observen inviolablemente, y que así se ha de juzgar y definir, en lo que
dicho es, por cualesquiere jueces ordinarios y delegados, etiam Auditores de las
causas del Palacio Apostólico, dando por nulo, y de ningún valor y fuerza todo
lo que contra lo arriba referido aconteciere ser atentado, por cualquier
persona, de cualquier autoridad que sea, sabiéndolo o ignorándolo, no obstante
las constituciones y ordenaciones Apostólicas, y todo lo demás en contrario.
Queremos empero, que
a los trasuntos o copias de dichas letras etiam impresos, firmados por mano de
algún notario público y selladas con el sello de persona constituida en
Dignidad Eclesiástica, se de omnímodamente aquella misma fe y crédito en
juicio y fuera de él, que se diera a estas mismas presentes sifuesen exhibidas
o mostradas.
Dado en Roma en
Santa María la Mayor debajo del Anillo del Pescador a once de agosto de mil
seiscientos noventa y siete, y de nuestro Pontificado año séptimo. Juan
Francisco Cardenal Albano. Lugar del Sello. [rúbrica].
En Roma en la
Imprenta de la Reverenda Cámara Apostólica año de mil seiscientos noventa y
siete. Así es, Domingo Liberato Notario, Secretario y Canciller de la Reverenda
Cámara Apostólica, en fe, etc. Hoy a veintidós días del mes de Agosto de mil
seiscientos noventa y siete años ".
Traducido de latín
por mí D. Antonio Gracián, Secretario de Su Majestad, y de la interpretación
de
Lenguas. Madrid, y
septiembre veinticinco de mil seiscientos noventa y siete años. D. Antonio
Gracián.